A continuación, en las Visiones de la Antigüedad de Miguel Ángel Maca, segunda parte y desenlace de los 900... días de Leningrado. Dejábamos en la primera parte a una ciudad cercada por el ejército nazi con una orden tajante a los oficiales germanos: prohibido negociar y cesar el asedio ante signos de rendición. El invierno hacía estragos, la gente moría de inanición y los suministros no llegaban. Lo peor estaba por venir. Un segundo invierno agónico que impedía, incluso, la obtención de agua. La aparición de un mercado negro de carne no se hizo esperar; la procedencia del género no importaba a los hambrientos habitantes, aunque todos sabían de su dudosa legalidad. Les permitía resistir llenando estómagos a la par que se evacuaba moralidad. En las ciudades, los cadáveres abandonados se contaban por miles. Fue el momento de la gran decisión: morir como personas o sobrevivir como animales. Un final feliz eclipsado por cifras escalofriantes.