La reina no tenía la menor intención de esperar a Varys.
—La traición ya es un crimen —declaró, ...furiosa—, pero esto es una verdadera villanía, y no necesito que ese eunuco remilgado me diga qué hay que hacer con los villanos.
Tyrion cogió las cartas que su hermana tenía en la mano, las puso juntas y las comparó. Eran dos copias, la redacción era idéntica, aunque las caligrafías fueran diferentes.
—El maestre Frenken recibió la primera carta en el castillo Stokeworth —explicó
el Gran Maestre Pycelle—. La segunda copia llegó a través de Lord Gyles.
—Si Stannis se ha molestado en enviarlas a esos dos —dijo Meñique pasándose
un dedo por la barba—, es más que seguro que el resto de los señores de los Siete
Reinos también habrán recibido una copia.
—Quiero que se quemen esas cartas —exigió Cersei—, de la primera a la última.
Ni mi hijo ni mi padre deben oír el menor rumor al respecto.
—Sospecho que a estas alturas a nuestro padre le habrá llegado bastante más que un rumor —replicó Tyrion con tono seco—. Seguro que Stannis envió un pájaro a Roca Casterly y otro a Harrenhal. En cuanto a lo de quemar las cartas, no serviría de nada. La canción se ha cantado, el vino se ha derramado, la puta se ha quedado preñada. Y en
realidad no es tan espantoso como parece.