Después de encaramarse a la rama más alta, Arya alcanzó a ver las chimeneas que sobresalían entre los árb...oles. Los tejados de paja se amontonaban a lo largo de la orilla del lago y del arroyuelo que desembocaba en él, y un muelle de madera se adentraba en el agua junto a un edificio bajo y alargado con tejado de pizarra.
Se asomó un poco más, hasta que la rama empezó a combarse bajo su peso. En el
muelle no había botes amarrados, pero alcanzó a ver tenues zarcillos de humo que salían
por algunas de las chimeneas, así como parte de un carromato oculto tras un establo.
«Ahí hay alguien.» Arya se mordió el labio. El resto de los lugares que habían visto estaban desiertos y arrasados, ya fueran granjas, aldeas, castillos, septos o graneros. Si podía arder, los Lannister lo habían quemado; si podía morir, lo habían
matado. Hasta habían prendido fuego a los bosques siempre que tuvieron ocasión, aunque las hojas eran todavía verdes y estaban húmedas tras las recientes lluvias, y los incendios no llegaron a extenderse.
—Si hubieran podido, habrían quemado el lago —llegó a decir Gendry.
Arya sabía que tenía razón. La noche que escaparon, las llamas de la ciudad incendiada se reflejaron en el agua con tal brillo que parecía como si el lago estuviera ardiendo.