La colina sobresalía entre la densa espesura del bosque, se alzaba solitaria y repentina,su cumbre azotada p...
or los vientos se veía desde muchos kilómetros de distancia. Según los exploradores, los salvajes la llamaban Puño de los Primeros Hombres. Jon Nieve pensó que era cierto, que parecía un puño que se hubiera abierto camino entre la tierra y la madera, con laderas desnudas como nudillos de piedra.Subió a caballo hasta la cima con Lord Mormont y los oficiales, mientras Fantasma se quedaba bajo los árboles. El lobo huargo había huido en tres ocasiones
durante el ascenso; en dos de ellas regresó de mala gana cuando Jon silbó para llamarlo.
En la tercera ocasión el Lord Comandante perdió la paciencia.
—Deja que se vaya, chico —dijo con brusquedad—. Quiero llegar a la cima antes de que anochezca. Ya buscarás a tu lobo luego.
El camino ascendente era empinado y pedregoso, y la cima estaba coronada por un muro de rocas que les llegaba a la altura del pecho. Tuvieron que dar un rodeo hacia el oeste para dar con una brecha por la que pudieran pasar los caballos.
—Es un buen terreno, Thoren —dijo el Viejo Oso cuando llegaron por fin a la cima—. No se puede pedir nada mejor. Acamparemos aquí y esperaremos a Mediamano.
El Lord Comandante desmontó y se sacudió el cuervo del hombro. El pájaro alzó el vuelo, quejándose a graznidos.Desde la cima de la colina la vista era extraordinaria, pero lo que más llamó la atención a Jon fue el muro circular, las erosionadas piedras grises con sus parches blancos de líquenes y sus barbas de musgo verde. Según se contaba, el Puño había sido un fuerte de los primeros hombres, en la Era del Amanecer.
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