Cohetes 04de 04 - El poder mas aterrador

Subido hace 1 año (15/01/2011) en Ciencia y naturaleza por OrionC

El camino hacia las estrellas ha resultado ser un camino difícil lleno de contratiempos y mala suerte.
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Los inventores de cohetes nunca desistieron de su sueño de exploración espacial, pero sus investigaciones se convirtieron en una carrera que afectó la vida y la muerte al convertirse los cohetes en armas de destrucción masiva.
En estos cuatro documentales conoceremos esa vertiginosa evolución de esas primeras etapas hacia el espacio.

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Se sabe que las técnicas de propulsión por cohetes se desarrollaron hace ya muchos siglos. Antiguamente, la pólvora era utilizada como combustible, de un modo muy parecido a los fuegos artificiales.

Se tienen antecedentes que señalan que, en el año 1232, la ciudad china de Kaifeng se defendió de los ataques de los mongoles con la ayuda de cohetes.

Durante la última parte del Siglo XVII, los fundamentos científicos para los modernos viajes espaciales fueron establecidos por el gran científico inglés Sir Isaac Newton.

Él organizó la comprensión del movimiento físico en tres leyes científicas, que explican cómo funcionan los cohetes y por qué son capaces de hacerlo en el vacío del espacio. Las Leyes de Newton pronto comenzaron a tener un impacto práctico en el diseño de cohetes.

Alrededor de 1720, el profesor holandés Willem Gravesande construyó prototipos de coches de propulsión a chorro de vapor. Científicos en Alemania y Rusia empezaron a trabajar con cohetes con una masa de más de 45 kilogramos, algunos tan potentes que sus flamas de escape quemaban grandes agujeros en el suelo desde antes del despegue.

De finales del Siglo XVIII a principios del XIX, los cohetes experimentaron un breve resurgimiento como arma de guerra. El éxito de las cortinas de fuego con cohetes de los combatientes de la India contra los británicos atrajo el interés de un experto en artillería, el Coronel William Congreve, quien se dedicó a diseñar cohetes para el ejército británico, con gran éxito en las batallas.

Aún con el trabajo de Congreve, los científicos no habían mejorado mucho la exactitud de los cohetes bélicos desde sus primeros días. Su naturaleza destructiva no dependía tanto de su exactitud o su poder, sino más bien de su cantidad. Durante un asedio típico, se lanzaban miles de ellos al enemigo.

En todo el mundo, los investigadores experimentaban nuevas maneras de mejorar su exactitud. El científico inglés William Hale desarrolló una técnica llamada estabilización del giro.

Este método, en el que los gases de escape chocaban contra pequeñas aspas en la base del cohete provocando que girara de manera similar a como lo hace una bala, se sigue usando hoy en día, con algunas variaciones.

Los cohetes continuaron siendo usados con éxito en batallas por todo el continente europeo. Sin embargo, en una guerra contra Prusia, los cohetes austriacos fueron vencidos por las nuevas y mejoradas piezas de artillería, ganando los cañones la batalla a los cohetes, que una vez más fueron relegados a usarse en tiempos de paz.

En 1898, el maestro y científico ruso Konstantin Tsiolkovsky propuso la idea de la exploración espacial, sugiriendo el uso de propulsores líquidos para cohetes, lo que permitiría un alcance mayor.

Afirmó que la velocidad y alcance de un cohete sólo estarían limitados por la velocidad del consumo de los gases liberados. Debido a sus ideas, cuidadosa investigación y gran visión, Tsiolkovsky ha sido llamado el Padre de la Astronáutica Moderna.

A principios del Siglo XX, el científico estadounidense Robert Goddard realizó experimentos prácticos con cohetes. Su interés era encontrar la manera de alcanzar alturas extremas, tema sobre el que publicó un famoso análisis matemático.

Sus primeros experimentos fueron con cohetes de combustibles sólidos, lo que lo llevó a darse cuenta que serían mejores los líquidos para propulsar un cohete. Esto implicaba muchas dificultades, ya que se necesitarían tanques de combustible y oxígeno, turbinas y cámaras de combustión.

Pese a las dificultades, en 1926 Goddard logró que volara el primer cohete que usaba combustible líquido para la propulsión, una mezcla de gasolina y oxígeno líquido.

El cohete medía alrededor de dos metros de longitud y su vuelo duró tan sólo dos segundos, elevándose apenas trece metros y aterrizando a 56 metros de distancia, en un sembradío de coles.

Esto puede parecernos poco impresionante, pero ese cohete de gasolina fue el precursor de una nueva era en el vuelo de cohetes. Cinco años más tarde, fue lanzado el primer cohete alemán y en 1932 la Unión Soviética probó el suyo por primera vez.

Los experimentos de Goddard continuaron durante muchos años. Sus cohetes fueron cada vez más grandes y volaban más alto. Desarrolló un sistema de giroscopio para el control del vuelo y un compartimiento de carga para instrumentos científicos.

Usó sistemas de paracaídas para el regreso seguro de los cohetes y sus instrumentos. Por sus grandes logros, Robert Goddard ha sido llamado el Padre de la Cohetería Moderna.

Un tercer gran pionero en el desarrollo de los cohetes fue el alemán Hermann Oberth, quien en 1923 publicó un libro acerca de los viajes al espacio exterior. Sus escritos fueron sumamente importantes ya que, debido a ellos, surgieron muchas pequeñas sociedades de cohetes en todo el mundo.

En Alemania, la formación de la Asociación para los Viajes Espaciales llevó al desarrollo del cohete V-2, que fue usado contra Londres durante la II Guerra Mundial.

En 1937, científicos e ingenieros alemanes, incluyendo a Oberth, se congregaron en Peenemünde, a orillas del Mar Báltico, para la construcción del cohete más avanzado de su tiempo, bajo la dirección de Wernher Von Braun.

El 3 de octubre de 1942, el cohete V-2 experimental, construido por un equipo de ingenieros encabezados por Von Braun y Walter Dornberger, consiguió elevarse desde la base de experimentación alemana de Peenemünde.

Con una aceleración de 1.4 metros por segundo, alcanzó una altura de 84 kilómetros sobre el nivel del mar antes de caer, a 187 kilómetros de la base de lanzamiento. Fue el primer aparato construido e ideado por el hombre que atravesaba los límites de la atmósfera terrestre.

El cohete V-2 era pequeño en comparación con los diseños actuales. Lograba su gran empuje usando una mezcla de oxígeno líquido y alcohol, a una proporción de una tonelada cada siete segundos.

Una vez lanzado, era un arma formidable, que podía destruir manzanas completas en una ciudad. La mortífera arma secreta de Adolf Hitler fue la predecesora de la posterior tecnología balística y espacial.

Afortunadamente para Londres y las fuerzas Aliadas, el V-2 apareció demasiado tarde en el conflicto bélico para cambiar su resultado. Sin embargo, a fines de la II Guerra Mundial, los científicos e ingenieros alemanes ya tenían trazados planes para misiles avanzados, capaces de atravesar el Océano Atlántico y aterrizar en los Estados Unidos.

Con la caída de Alemania, muchos cohetes V-2 sin usar, así como sus componentes, fueron capturados por los Aliados, que se dieron cuenta de su potencial como armas militares. Así comenzaron varios programas experimentales.

Algunos científicos alemanes emigraron a los Estados Unidos y otros a la Unión Soviética. Todos ellos quedaron asombrados al conocer los avances de Goddard, incluyendo a Von Braun y Dornberger, quienes en tiempos de paz comenzaron a hablar sobre las posibilidades del cohete como un vehículo de exploración espacial.

Podemos decir que con los avances, estudios e investigaciones realizados durante la II Guerra Mundial en lo que a cohetes se refiere, dio inicio a la carrera espacial.

El 4 de octubre de 1957, el mundo se asombró con la noticia de un satélite artificial puesto en órbita por la Unión Soviética, el Sputnik 1. Éste fue el primer éxito en la carrera al espacio entre las dos superpotencias.

Menos de un mes después, los soviéticos enviaron al espacio otro satélite, con una perrita llamada Laika a bordo, la cual sobrevivió siete días en el espacio y fue puesta a dormir antes de que se terminara la provisión de oxígeno.

Pocos meses después, el 31 de enero de 1958, Estados Unidos lanzó su primer satélite, el Explorer 1. En octubre de ese mismo año fue creada la Administración de Aeronáutica Espacial de los Estados Unidos, la NASA, una agencia civil con la meta de explorar pacíficamente el espacio, para beneficio de la Humanidad.

Estados Unidos inició un programa con cohetes de gran altitud, basado en una de las primeras ideas de Goddard. Posteriormente, fueron desarrollados misiles intercontinentales de mediano y largo alcance.

Esto fue el punto de inicio del programa espacial estadounidense. Misiles como los Redstone, Atlas y Titán lanzarían eventualmente a los astronautas al espacio.

Muy pronto, muchas personas y máquinas fueron lanzadas al espacio. Los astronautas orbitaron la Tierra y llegaron a la Luna. Naves robot viajaron a los planetas de nuestro Sistema Solar. El espacio se abrió a la exploración científica y a la explotación comercial.
Antiguo pero interesante documental que explica el desarrollo de los cohetes durante el siglo XX en cuatro capítulos.

Los satélites permitieron a los científicos investigar nuestro mundo, pronosticar el clima y comunicarse instantáneamente alrededor del mundo. Conforme creció la demanda para más y mayores cargas, tuvieron que construirse una gran variedad de poderosos y versátiles cohetes.

Desde los primeros días de descubrimientos y experimentación, los cohetes han evolucionado, de simples artefactos de pólvora a gigantescos vehículos capaces de viajar al espacio. Los cohetes han abierto el universo a la exploración directa de la humanidad.
http://radiocentro.com.mx/grc/redam.nsf/vwALL/XPAO-7MCL5S

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