Antes de nada, permítanme aclarar que un servidor jamás estará en desacuerdo con toda prosperidad que prove...nga de Dios o que Dios apruebe, como no podría ser de otro modo. Estaré hablando en este escrito de la errada y pecaminosa búsqueda de toda prosperidad que llega a ser ilícita a los ojos de Dios, y que no es más que materialismo.
Como dice F.V. Davold; “Este espíritu materialista: nuestro deseo de cosas en preferencia a la voluntad de Dios” (1)
Más que nunca antes en la historia de la Iglesia, levantando bien en alto el blasón de la “bendición” de Dios, a través de innumerables publicaciones, congresos y demás operaciones de púlpito mayor y menor, el corazón del creyente es empujado hacia la prosperidad materialista, a la cual yo rebautizo con el apelativo de "materialismo cristiano”