1. La Gran Ramera:
Con la extinción del Imperio Romano como tal, la cuarta bestia no muere, sólo se ad...ormece, o más bien, sólo cambia de estrategia. No olvidemos que la cuarta bestia es Roma, y será así hasta el final de los días del tiempo de los gentiles. Decimos esto, porque en ese momento, la cuarta bestia toma la forma de una mujer, de una mujer ramera, y Juan recibe la revelación del asunto:
“La mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra” (Apocalipsis 17: 18) Esa gran ciudad es sin duda alguna, Roma. La explicación es la siguiente:
Roma se perpetuó a través de los pontífices romanos, los altos representantes de la Gran Ramera de Apocalipsis (Ap. 17: 5) hacia su trato con los reyes y emperadores europeos súbditos de ella. La Biblia nos habla así:
“Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas, con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación” (Apocalipsis 17: 1, 2)
Roma ha mantenido su poder sobre los hombres, esta vez a través del temor supersticioso de la falsa religión y la amenaza de su excomunión entre otras cosas, empezando con los mismos reyes y emperadores, y por más de 1.500 años. Podríamos considerar que esa forma de poder es también propia de la del hierro, en una más sofisticada expresión.
Vemos que el poder de esa mujer ramera para engañar, seducir, dominar y hacer su voluntad no descansa en ella, sino que le viene directamente del diablo:
“...vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos” (Apocalipsis 17: 3)