“El mundo moderno es un desplome colectivo, una despersonalización masiva. En este mundo inerte, indiferent...e, inquebrantable, la santidad es en lo sucesivo la única política válida, y la inteligencia, para acompañarla, debe conservar la pureza del relámpago”. El autor de estas palabras es Emmanuel Mounier, uno de los pensadores más sugestivos del siglo XX. La muerte se lo llevó pronto, pero a este trabajador incansable le dio tiempo a configurar un pensamiento que sigue conservando su vigencia. A ese pensamiento se le ha llamado “revolución personalista” o “personalismo cristiano”. En torno a él se podría edificar uno de los mayores focos de disidencia de nuestro tiempo.