El Señor le dijo a Pablo, y este escribió: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debil...idad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” (2 Corintios 12: 9)
No debemos juzgar los inicios de una obra para el Señor según su apariencia en lo natural, como hicieron los impíos Sanbalat o Tobías. Debemos siempre poner nuestra mira en el Señor y en el poder de su fuerza (Ef. 6: 10), y no movernos de esa posición de fe y acción.
Sanbalat, Tobías, etc. representan al enemigo de Dios y de los suyos. Estos hombres eran magistrados de distrito, dirigentes de facciones samaritanas. No podían oponerse con impunidad a los judíos, porque estos estaban autorizados a fortificar su ciudad. Atacar u oponerse abiertamente a los judíos significaría oponerse al rey de Persia, que había autorizado la obra. Esto es un símil:
Los cristianos, como aquellos judíos con Nehemías a la cabeza, estamos autorizados para hacer la obra de Dios, y Satanás intenta impedirlo, pero no tiene el respaldo de Dios, como Sanbalat y sus comparsas no lo tuvieron tampoco del rey de Persia.