Años después el propio Brando decía: “En una película, en la que yo actuaba, llamada "La ley del silenci...o" , había una escena en un taxi, en la que me confío con mi hermano, que va a entregarme a los gángsters, y yo me lamento de que nunca se cuidó de mí, de que nunca me dio una oportunidad, que podría haber sido un aspirante al título, podría haber sido alguien, en vez de un vagabundo… “Deberías haberte cuidado de mí, Charley”. Era muy emocionante. Y la gente, a menudo, hablaba sobre ella: “Oh, Dios mío, qué escena tan maravillosa, Marlon, bla bla bla bla bla”. No era maravillosa en absoluto. Lo que era maravilloso era la situación. Todo el mundo piensa que podría haber sido un aspirante al título, que podría haber sido alguien, todos piensan como si fueran vagabundos en parte, algunos de ellos. No vagabundos, pero no están satisfechos y podrían haberlo hecho mejor, podrían haber sido mejores. Todos notan una sensación de pérdida con respecto a algo. Así que eso fue lo que emocionó a la gente. No era la escena en sí…. De la forma que estaba escrita, tenías a ese tipo apuntando con una pistola a su hermano. Y yo dije que eso no era creíble, no creo que un hermano vaya a disparar a otro. No había ninguna indicación en el guión del tipo de relación que tenían, no es que fuera no creíble; era increíble. Así que lo hice como si él no pudiera creerlo, y eso quedó incorporado a la escena.”
Marlon fue estampando su inmenso talento casi en cada secuencia. En la escena en que camina por el parque con Eva Marie Saint, la actriz novata no conseguía justificar que su personaje se detuviera a hablar con Terry Malloy; no lo encontraba natural. Mientras comentaba el problema con Kazan, Brando le dijo: «Quítate los guantes y mientras andamos, tira uno». En la siguiente toma, dejó caer un guante y Marlon lo recogió sin pensarlo, sin dejar de hablar. El gesto expresaba mejor que cualquier diálogo, el afecto que el boxeador empieza a sentir por la chica.
«Cuando Marlon recogió el guante y se lo puso en la mano, aquello se convirtió en el catalizador para que yo me quedara en la escena», explicó Eva Marie. «Antes me sentía incómoda, deshonesta, me preguntaba por qué estaba hablando con él, pensaba que tenía que irme. Ahora que él tenía el guante, yo quería recuperarlo, y eso me daba una razón para quedarme.»
Nada más escuchar Marlon Brando por “La ley del silencio”, Marlon se sacó el chicle de la boca y corrió hacia el escenario, sonriendo de oreja a oreja. Su discurso fue breve, deshilvanado y difuso: «Este es un momento maravilloso, y muy extraño… De todas formas, les estoy muy agradecido».
Desde ese momento la técnica del Método, enseñada en el Actors Studio, se llenó de credibilidad hasta hoy. Confirmó las cualidades de una serie de actores formados en el teatro. Instaló a Brando en el estrellato y el prestigio, y puso de moda durante algún tiempo, una forma de hablar: entre dientes.
Aunque nadie pone en duda su elevación a hito del cine, hay quien piensa que el desenlace ensombrece su reputación, y algunos espectadores encuentran irritante que, de forma demasiado conveniente, la delación convierta a un personaje complejo, en ejemplo de virtud y sacrificio.
Cada uno escogerá su interpretación, pero el autor de la historia, pretendía cerrarla con una muerte innoble: apuñalado veintisiete veces con un picahielos, depositado en un barril de lodo y abandonado en un pantano de Jersey.