Las cuatro películas anteriores de los hermanos, sucesiones de gags sin argumento, les habían vaciado. A cam...bio habían sorprendido a todo el mundo y satisfecho las arcas de los productores. “Sopa de ganso”, la última, demostraba que el público se había cansado. Su Estudio, Paramount, ya no los quería. Groucho tenía cuarenta años y Zeppo y Gummo ya habían decidido dejar la trouppe familiar. La fórmula parecía acabada y sin el cine sólo les quedaban las giras de teatro con las que habían empezado. Nada hacía pensar que estaban cerca de hacer la mejor película de su carrera, antes de iniciar el declive final.
Es posible que la semilla fuera la timba de bridge a la que acudía Chico. El anfitrión era el niño prodigio de la Metro, Irving Thalberg, casado con la hija del todopoderoso Louis B. Mayer, y convertido en su mano derecha . A Mayer no le hacían ninguna gracia aquellos chiflados correteantes pero a Thalberg si. Les propuso un contrato con la condición de que aceptaran una serie de condiciones que se resumían con facilidad: improvisación cero.
El público femenino no aceptaba su virulencia y su anarquía. Sus personajes eran demasiado enloquecidos y terminaban por resultar antipáticos. «En una película no hacen falta tantas risas. Yo haré con vosotros una película que provocará la mitad de risas