Nuestra pequeña anisóptera se revuelve poco a poco... sale de su sopor, observa el panorama con pereza... se... estira y bosteza como sólo una libélula en el éter del sonido puede hacerlo... y de pronto, con la velocidad de un vendaval, se lanza a volar con frenesí según su capricho... Se nota que es feliz, que se siente... como bicho en el aire... y que entre las criaturas que se reparten el espacio aéreo de esta poza está en su verdadera salsa... La verdad es que llufes, ventolines, hadas... por no hablar del resto de insectos volador que integran el reino animal en esta Reserva de la Sonosfera son dignos de verse. Uno no se aburriría nunca de su diversidad, de la leyenda que los antecede, de su presencia en todos los territorios y en todos los tiempos... por suerte nos acompañarán hoy unos amigos duchos en la clasificación casi científica y la ensoñación mágica de la fauna de esta sonora charca... (21/01/10)