“Por la mañana nos levantábamos a las cinco de la mañana, encendías el fuego, calentabas un caldero gran...de de agua a punto de hervir y con polvos escaldabas la lana y la dejabas tres o cuatro horas, que se limpiara, y allí a las doce nos íbamos al río.
Hacíamos unas balsas con piedras y unos mantones grandes de arpillera…
Y después allí a lavar la lana y la tendíamos por el río, y cuando la teníamos ya escrridica, pues con las canastas a casa, la poníamos en cañizos y luego cuando estaba seca a variarla y a hacer los colchones”
Esto nos contaba Lola Secanella en una entrevista-