EN AÑOS RECIENTES, muchas personas se han liberado de tiranías políticas y cautiverios. Pero hay otra clase... de cautiverio que puede ser tan malo o peor que su contraparte política: la esclavitud que se produce al ser adicto. El alcohol, el tabaco y otras sustancias han esclavizado a millones. Además, las poderosas adicciones no químicas están en crecimiento: el sexo, la pornografía, los juegos de azar (o inversiones riesgosas) y la acumulación de dinero o bienes.
Todas las adicciones crean dependencia (uno se siente muy incómodo hasta que se toma la sustancia o se realiza el acto) y un cierto grado de tolerancia (uno necesita un poco más para alcanzar el efecto de ocasiones previas). De este modo, llega a ser muy difícil, para las personas adictas, quebrar el ciclo que las ha capturado. Por esta razón, los que están atrapados necesitan el apoyo de la familia, de la iglesia y de los amigos. También pueden necesitar ayuda profesional y, por sobre todo, el poder de Dios en su vida, para darles la liberad que se les ha prometido en Cristo el Señor.