“SOLO LOS PEQUEÑOS SECRETOS TIENEN QUE SER PROTEGIDOS, LOS GRANDES SE MANTIENEN SECRETOS POR LA INCREDULIDA...D PÚBLICA”- Marshall Mcluhan (Filósofo Canadiense)
Pensar, o tan siquiera insinuar, que haya entidades o gobiernos dispuestos a intentar controlar mentalmente, y de facto, cada uno de nuestros pasos y acciones, conforma como poco el argumento desquiciante de una película de Ciencia Ficción.
Creer que cualquiera de nosotros puede estar siendo observado en todo momento por un “gran ojo” que vigila para que no nos salgamos del camino trazado por alguien que no se ve, y que solo quiere, supuestamente, que no rompamos el orden establecido, significaría que el mundo en el cual creemos vivir, estaría basado en una gigantesca farsa, con una oscura y maquiavélica realidad tras de sí.
Hasta aquí todo parece estar claro, y por nuestra salud mental, lo mejor es sin lugar a dudas, dejar lo anteriormente expuesto como una mera locura transitoria.
Pero…¿Qué sucede con tantos proyectos de investigación enfocados al control mental de masas, que desde hace más de un siglo, se han estado llevado a cabo, y de cuyas pruebas no cabe ni la más mínima duda?. Proyectos que por otro lado obtuvieron resultados increíbles, dignos de la más fantasiosa de las películas, aunque casi siempre encubiertos bajo el manto de investigaciones médicas enfocadas a la mejora de la salud general.
Quizás de todos los temas que se puedan tratar y especular, este sea uno de los más controvertidos, ya que su comprobación, sería casi sin lugar a dudas el principio del final de nuestra civilización, ó al menos tal y como la concebimos hoy en día
Solo sé, y de esto no me cabe la menor duda, que siempre sucede lo que menos esperamos, y que tras aquello que no creemos se suelen esconder las más inverosímiles verdades. En nuestra ignorancia, casi siempre voluntaria, está la mayor baza para poder ser controlados, y en nuestra negativa a dar cabida a determinadas posibilidades, se cimienta el gran edificio donde esconder todo aquello que se nos pretende ocultar, y que no interesa que sepamos.
Pero en este, como en otros tantos temas, la última decisión descansa en cada uno de nosotros, y nosotros decidiremos si admitir determinadas posibilidades, y una vez admitidas, si queremos analizar las pruebas, esas que existen, y que cuesta tanto admitir.
Quizás la vida sea mucho más sencilla de lo que intentamos hacerla, y deberíamos centrarnos en vivir, ante la duda de que no halla nada más después, pero ante la sola duda de que eso pudiera ser lo que interesadamente esperan que haga, las sospechas crecen y crecen, y al final como si de un mundo paralelo se tratara, se exponen en un escaparate esperando a que alguien les haga caso.
Que cada cual, actúe de acuerdo a sus convicciones y en plena libertad, esa “libertad” que espero sea cierta y no ficticia o falsamente recreada.