“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo... tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?”(2 Corintios 6: 14)
Marcos Witt dice:
“Soy un líder puente pues hay dos clases de líderes: los que construyen puentes y los que construyen paredes… Yo nunca he tenido una agenda proselitista… No creo que la meta sea que vayan a nuestras iglesias sino que vayan al cielo… este es el motivo por el cual muchos católicos vienen a mis conciertos pues no soy de los que insta a que tienen que abandonar ciertas prácticas o religión…”(1) (énfasis mío)
Marcos Witt es muy conocido, no sólo entre evangélicos, sino entre católico romanos. Este hombre que dice de sí mismo ser “un embajador”, que viaja “por todos los continentes uniendo la iglesia” (2), pretende trasladarnos un tipo de evangelio y una manera de entenderlo que, según él, debería encajar bien en todo lo que se denomina cristianismo. No es así. Y no obstante – tantos - tanto todavía lo toleran, y aún lo defienden…Muchos todavía desconocen