Desde la descolonización británica, el territorio fronterizo que separa la India de Pakistán, ha si...do terreno de constantes disputas. Cachemira, una de las zonas más bellas de la India, se encuentra hoy convertida en el campo de batalla más alto del mundo. A lo largo y ancho de su territorio, hindúes, shijs, musulmanes e incluso cristianos, conviven en una mezcla de religiones y culturas, en medio de un conflicto bajo la amenaza permanente de armas nucleares. Es por eso que, tras el estallido de la violencia en 2010, un joven rapero de Srinagar, la capital de Cachemira, tomó la determinación de llamar la atención mundial sobre Kashmir, como también se conoce a Cachemira, a través de su música. “Si existe un paraíso en la tierra, este es Kashmir”. Con estas palabras se refirió uno de los emperadores mogoles a esta hermosa región. Y no sin razón. Kashmir, esa extraña y lejana Cachemira, embriagada de contrastes, se extiende al norte de la India. Regada por el Indo, río padre que desciende desde las eternamente heladas cumbres de la cordillera del Himalaya, esta tierra pródiga en jardines da cuna a una humanidad acostumbrada a los fríos y las altitudes extremas. Indoeuropeos, mogoles, cíngaros y un amplio abanico de étnias comparten un territorio curtido por el clima. Fríos glaciares, inmensidades verdes entre montañas ciclópeas, salvajes ríos cerriles en su empeño de desgastar la piedra, resaltan la paz y armonía de los jardines mogoles, el atardecer sobre lagos, los últimos rayos de un sol a punto de ser engullido por alturas excesivas, o la calma de un amanecer saludado por cánticos musulmanes desde mezquitas de desconocida arquitectura. Pero, bajo la aparente belleza de esta recóndita parte del mundo se esconde la muerte. Controles militares jalonan las carreteras. Destacamentos apostados entre sacos de arena revelan una tensa situación. Soldados indios armados y una bien pertrechada policía, recorren las ciudades dando muestras del conflicto que enturbia la natural exuberancia de Kashmir. Frontera con Pakistán y de mayoría musulmana, esta región se enfrenta a un conflicto que desgarra su tierra causando dolor y muerte entre sus habitantes. Tras la división de la India colonial británica en 1947 en dos Estados, la India y Pakistán, ambos reclamaron el control de Cachemira. Según el acuerdo de partición, los principados de la India británica podrían decidir su anexión a uno u otro Estado, según sus características geográficas, étnicas y religiosas. Pero el maharajá hindú de Cachemira —a pesar de que la mayoría de sus 'súbditos' eran musulmanes— recurrió a Nueva Delhi para frenar a las guerrillas paquistaníes, y en octubre de 1947 firmó su adhesión a la Unión India. El conflicto acababa de empezar. Las Naciones Unidas han tratado inútilmente de mediar entre ambos países pero no han encontrado una vía aceptada por los contendientes, en especial por la India, siempre tajante y vigilante ante lo que sería una autodeterminación de la región. Pakistán promueve un plebiscito, pero sus intenciones respecto a la zona quedan aún en las sombras. Siempre ha negado el apoyo que la India le atribuye a las fuerzas guerrilleras, pero su colaboración con ellas, parecería de lo más probable. Y, desde hace poco, a parte de los intereses sobre Kashmir por parte de las dos potencias asiáticas, se ha erigido una nueva facción. Los propios kashmires reclaman voz en una contienda que les afecta directamente, y para la cual nadie les ha cedido la palabra, ni la ocasión de elevar su opinión por encima de las balas. Parece haberse llegado a un punto muerto, a un callejón sin salida en una situación límite. La artillería recorre las noches kashmires con fogonazos luminiscentes. La seguridad se resquebraja para el habitante que día a día soporta el peso mortal de un conflicto estancado. La muerte abona ahora la tierra en la que Alá, eligió sus jardines para descansar. El paraíso se desvanece. El factor más importante acerca de Cachemira es el hecho que la mayoría de su población es de religión musulmana. Incluso, en un censo llevado a cabo en 1940, se determinó que en el Valle de Cachemira la población era 93.6% musulmana y solo el 5.2% de religión hindú. Por lo tanto, la región debía pasar al Estado pakistaní, pero el gobernador de la época prefirió dejar a la región dentro del territorio de la India. En cuanto a aspectos culturales se puede rescatar que, a pesar de ser mayormente musulmana, existe una combinación entre hinduismo, budismo e islamismo, y esta mezcla cultural se refleja tanto en la cocina, en la danza, como en la música. La música compuesta por los Kashmiris tiene tradicionalmente una amplia gama de influencias musicales en la composición, ya que debido a la gran proximidad de Cachemira a Asia central, a Asia del este y a Asia meridional, se ha desarrollado una mezcla única de la música, abarcando la música de las 3 regiones. Pero, en general, la música del Kashmir está más cercana a la música asiática central, al usar los instrumentos asiáticos centrales tradicionales y sus escalas musicales, que son de una gran variedad, muy similares a la escala bizantina. También la parte vocal varía en la música tradicional del Kashmir. En algunas formas de la música Kashmiri lo vocal tiene un papel fundamental, soportando el peso de las canciones, pero en muchas otras variedades, son los instrumentos los que actúan como el foco central de la música. Y en mucha de la música tradicional el canto se armoniza, con una persona que canta la misma melodía una octava más alta o más baja. Además, podemos agregar que el instrumento popular más común es este que estamos escuchando, el Santoor, un instrumento trapezoidal de percusión que puede tener cerca de un centenar de secuencias, y que es utilizado también para la música cantada por los Pandits de Kashmir en festivales religiosos y culturales. O que también es muy popular en Cachemira el Sufiana Kalam, una forma de música que es acompañada por ese instrumento llamado Santoor, muy común, junto con el Saz del Kashmir. Sufiana Kalam ha sido muy difundido en Cachemira desde la llegada de Irán en el siglo XV, y ha sido la música por la que optaron los místicos del Sufi de Kashmir. Por su parte, la música en Cachemira realizada por los Hindúes está influenciada, lógica y principalmente por la música clásica india, utilizando sus instrumentos típicos como el Sitar. Comentarios basados en un artículo de Pausanias publicado en el sitio nodo50.org , además de información emitida por la BBC, y un audio que pertenece a un documental de Yagé producciones, una productora mitad andaluza, mitad colombiana con sede en Bogotá, Colombia. La música del programa corresponde a interpretaciones del primer rapero de Kashmir, MC Kash, de los reconocidos Pandit Hariprasad Chaurasia con Ustad Zakir Hussain, del Pandit Shivkumar Sharma & Rahul Sharma, de Shri M.K.Pandita, de la joven cantante Shazia Hamid, del Pandit Bhajan Sopori, y de dos maestros del santoor Ghulam Mohamad Saznawaz y Ghulam Hasan Sofi. Es una realización de Jorge Laraia.