La tendencia natural del ser humano es la de exaltarse a sí mismo, y si es posible, por encima de los demás.... Aun los más tímidos, conformistas o apáticos, en un momento dado no se doblegarán o darán su brazo a torcer cuando sean tocados en su orgullo. La actitud de estar a la defensiva, y la de hacer prevalecer las razones de uno por encima de las de los demás, priman una y otra vez. Así es el hombre natural, y el creyente no se escapa demasiado de esa ecuación.
Como nunca antes en estos últimos tiempos, con la muy cuestionable intención de fomentar la fe y la expectativa del creyente, el mensaje desde muchos púlpitos, es el de la exaltación del oyente. Mensajes como: “Sueña y tu ganarás el mundo”/ “Hay un campeón dentro de ti”/ “Ahora es tu hora”/ “Tu mejor vida ahora”/ “Tu eres un conquistador” / “Tu mereces lo mejor”, “Reclama tu milagro”, etc. etc., todos ellos en realidad van dirigidos al ego del oyente; al levantamiento de su carne.
Estos mensajes o parecidos, aun pretendiéndolo, no ayudan para nada a la fe y al carácter del verdadero hijo de Dios.