Después de bañar con cuidado a todo recién nacido, hay que fustigarlo con estas palabras: “¡No escribas!...
¡No escribas! ¡No seas escritor!”.
Si a pesar de esa admonición, el niño muestra inclinaciones de hacerse escritor, deben probarse las caricias. Si éstas tampoco dan resultado, no hay más remedio que dejarlo, pues está perdido. La comezón de escritor es incurable. El camino de la escritura está lleno de espinas y clavos, y por eso una persona en su sano juicio naturalmente se aparta de la escritura. Si el implacable destino, a pesar de todas las advertencias, empuja a alguien a hacerse autor, conviene que el desdichado se remita a las siguientes reglas:
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Comentarios (1)
Casti
Saludos.
22/08/2012 a las 10:52