El sol nos alumbró vertical ya más abajo de la venta de Tarfia,donde el Guadalquivir tuerce a poniente y emp...iezan a adivinarse las marismas de Doña Ana en la margen derecha. Los fértiles campos
del Aljarafe y las orillas frondosas de Coria y Puebla fueron dejando paso a dunas de arena, pinares y arbustos entre los que a veces asomaban gamos, o jabalíes. El calor se hizo más intenso y húmedo,
y en la barca los hombres liaron sus mantas, desabrochando capas, coletos y jubones. Apretados como arenques en barril, la luz del día dejaba ver ahora sus rostros mal afeitados, las cicatrices, barbas y mostachos cuyo aire fiero no desmentían los montones de armas con pretinas y tahalís de cuero, espadas, vizcaínas, terciados y pistolas, que todos tenían cerca. Sus ropas sucias y sus pieles grasientas por la intemperie, el mal dormir y el viaje, emanaban un olor crudo, áspero, que yo conocía bien de Flandes. Olor a hombres en campaña. Olor a guerra.