“Al caer la noche, las sombras se proyectaron hacia arriba y tomaron un color naranja oscuro. Una leve brisa... me atravesó el pecho como si de una espada invisible se tratese. Ahora la majestuosa ciudad de Toledo había cambiado su piel, como lo hacen las serpientes. Por las estrechas calles se escuchan unas voces que parecen salir del propio infierno. El corazón me galopa en el pecho mientras apresuro mi marcha. Miles de ojos se clavan en mu nuca y siento que con la noche se han abierto las puertas a otra dimensión donde la mágia y la hechicería son el credo para los que buscan respuestas con los seres del más allá…”(Comienzo relato A.Sánchez “Piedras de fuego”)