Patricia en crÓnicas del amor

Subido hace 1 año (28/09/2010) en Mundo y sociedad por susurros nocturnos

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Buenas noches, ¿que tal os va? supongo que bien, me gustaría deciros an... tes de vomitar mis palabras sobre mi Patricia, qué "contéis todo lo que pasa por vuestra imaginación, no te contengas, no analices ni nada por el estilo a medida que lo dices o lo escribes".
Tú probablemente disciernes o sientes también lo que digo y por qué siento la necesidad de decirlo.
Salta a la vista de mi voz, que mi locura es al elegir una pareja, cuando encuentre una mujer normal tal vez se vuelva loca, por mi.
Era una noche de gotas de melancolía, sillón caliente y lunas de cristales abatidos, me dije - tengo que permitirme alguna vez aburrirme -, esta noche no, me fui a la calle con mi corazón prestado a la noche, caminando por Malasaña hice procesión de garitos mientras la oscuridad descendía en Madrid, besando a los hombres y mujeres en un solo baño de triste poesía de alcohol, música de paraísos de vasos vacíos con mortajas de mondas de limón, hileras de botellas sin labios, la desdicha como cristales de hielo. En un desliz de dirección me metí en la Vía Láctea.
Al lado de mi copa había una mujer delgada, me dijo

- odio el cine, la vida es más interesante

Al ser ella la que me entra me desconcierta, uno es un hombre y le gusta ser el que coma la oreja, por lo que decido no terminar enredado y perdido con ella, por eso le dije

- ¿que tomas?
- una cerveza, te comportas como una criatura, pero me gustas que seas así

Los tíos del garito no se atreven a devolverle la mirada a causa de la alocada vibración de sus ojos, olfatean un peligro vivo en el apocalipsis de su cuello tenso y ávido y en sus manos nerviosas y temblorosas, aunque esta muy buena. Me convierto en el frió amante de mi lujuria a cada trago, a cada Patricia, dejando a un lado la cálida hemorragia de su voz y los mocos de su nariz, le doy una servilleta y se la seca.
En mi visión nocturna veo como aprieta su nariz contra un diminuto tubito de cristal, esnifa y sus ojitos se mueven como gatos en celo. La miro y veo a una mujer incomprensiblemente hermosa y para siempre triste. El mito de la noche blanca, la joven loca, la noche salvaje, dice

- lo hago para no entristecerme demasiado

Me siento lleno de extrañas sensaciones, mientras pido otra ronda, revolviendo y remodelando tantas cosas viejas. La escucho decir

- somos como dos perros que se refugian en garitos oscuros y cálidos y viven a solas sus dolores

¡Me cago en todo!, esta loca, pienso, es una colgada, lárgate ¡ya! me digo, pero puede más mi temeridad de conocer gente extraña que mi voluntad de irme, me pregunta

- ¿no hablas?
- tengo un nudo en la garganta esta noche
- vámonos de aquí - me agarra del brazo y me saca a la calle

Miro su cuerpo, esta buenísima, paseamos sin hablar, me dan ganas de meterla mano, de tocar todo su organismo, pero no a la manera de un gato hundido en un cojín ¡no!, más bien a la manera del perro que lame. Se para para decirme

- ¿no me harás daño? -, le contesto
- querida no, te aseguro que te haré comprender que no estoy tratando de hacerte ningún daño, cuando te encuentres mejor te protegeré, soy un caballero tranquila

Se cae al suelo, no me da tiempo de cogerla, la levanto y la siento en el escalón de un portal, miro el numero, el siete de la calle Espíritu Santo. Su cuerpo hermoso parece estar ahí para ser distribuido, pedazo por pedazo y hueso por hueso a los peces del Manzanares, si es que todavía quedan peces en esas tristes aguas.
No todas las noches acaban en amor, algunas son ahumadas, cocidas, asadas, gelatinosas, curadas, prensadas, molidas, cortadas, picadas, las relaciones tiene mil formas y un final, siempre.
La dejo tirada y me fui cantando bajo la lluvia, ya sabéis, me gustaría acusarme de ser un canalla, aportar pruebas yo mismo, aunque sean infames, prefiero ser juzgado por vosotras, las mujeres.

- ¡ahhhhhhh! me olvidaba - cuando me alejaba la escuche decirme
- tesoro, tesoro ¿donde estas?

La deje en el portal de su polvo blanco y su famélica nariz, imagino que para terminar en el azul de la mañana. La llamo Patricia porqué no le pregunte su nombre.
Al medio día estaba comiendo en el bar, vino la ciega y le pedí dos terminados en siete, el numero del portal donde murió mi amor, esperando que Patricia me de suerte, veis como soy un sentimental que cree en el amor, por eso no me toca la lotería.
¿Me odiáis?, yo no, os quiero, hasta pronto

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