El triunfo de William se vino abajo con la profecía de Philip y, en lugar de sentirse satisfecho y jubiloso, ...
se sintió aterrado ante la posibilidad de acabar en el infierno por lo que había hecho. Había demostrado bastante arrojo al
contestar a Philip en tono de mofa: ¡Esto es el infierno, monje! Pero eso fue debido a la excitación del ataque. Una vez que todo hubo pasado, y que él y sus hombres abandonaron la ciudad en llamas; cuando sus caballos y los
latidos de sus corazones frenaron la marcha, cuando tuvo tiempo para analizar con detalle la redada y pensar en cuántas personas había herido,abrasado y matado, sólo entonces se le vino a la mente el rostro airado de
Philip y su dedo señalando a las entrañas de la tierra, así como sus palabras cargadas de terribles presagios: ¡Irás al infierno por esto!
Cuando se hizo la oscuridad, se sentía absolutamente abatido. Sus hombres de armas querían hablar de la operación, destacando los momentos cruciales y deleitándose con la carnicería; pero pronto se sintieron
contagiados por el talante de William y se sumieron en lúgubre silencio.
Aquella noche la pasaron en las tierras de uno de los más importantes arrendatarios de William.
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