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Los pilares de la tierra de .
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Arte y literatura
02:29:27 min
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hace 1 año
El primer juego en la vÃspera de San Juan consistÃa en comer el pan howmany 7 Al igual que ocurrÃa con muchos de los juegos, ha
bÃa en él un atisbo de superstición que hacÃa que Philip se sintiera incómodo. Sin embargo, si intentara prohibir cada uno de los ritos con el regusto de viejas religiones resultarÃan proscritas la mitad al menos de las tradiciones del pueblo y,además, serÃa desafiado. De manera que ejercÃa una tolerancia discreta ante la mayorÃa de las cosas, adoptando una actitud firme respecto a unos cuantos excesos.Los monjes habÃan instalado mesas sobre la hierba en el extremo
occidental del recinto del priorato. Los pinches de cocina llevaban a través del patio calderos humeantes. El prior podÃa considerarse el señor del feudo, asà que era responsabilidad suya ofrecer un festÃn a sus arrendatarios con ocasión
de fiestas importantes. La polÃtica de Philip consistÃa en mostrarse generoso con la comida y parco con la bebida, de manera que servÃa cerveza floja y nada de vino. No obstante, habÃa cinco o seis incorregibles que se las arreglaban para emborracharse hasta perder el sentido siempre que habÃa fiesta.Los ciudadanos
principales de Kingsbridge se sentaban a la mesa de Philip. Tom Builder y su familia, los maestros artesanos más antiguos,incluido Alfred, el hijo mayor de Tom, y los mercaderes, entre ellos Aliena;aunque no Malachi el JudÃo, que solÃa incorporarse más tarde a las festividades, después de celebrado el oficio. Philip pidió silencio y bendijo la mesa. Luego, alargó a Tom la hogaza how-many. A medida que pasaban los
años, Philip iba sintiendo un mayor aprecio por Tom. No habÃa mucha gente que dijera lo que pensaba e hiciera lo que decÃa. Ante las sorpresas, crisis y desastres, Tom reaccionaba con toda calma sopesando las consecuencias,
calibrando los daños y planeando la mejor solución. Philip lo miró con afecto.
Tom era hoy un hombre muy diferente del que, cinco años atrás, llegó al priorato suplicando que le dieran trabajo. Entonces se encontraba exhausto, macilento y tan flaco que los huesos parecÃan a punto de perforar su piel curtida por la intemperie. Durante el tiempo que llevaba allÃ, habÃa entrado en carnes; sobre todo desde que su mujer regresó. No es que estuviera gordo,
pero tenÃa recubierta su gran osamenta y hacÃa ya mucho que aquella mirada desesperada se habÃa desvanecido de sus ojos. VestÃa ropa cara, una túnica verde Lincoln, calzaba zapatos de piel suave y llevaba un cinturón con hebilla
de plata.
Género: Audiolibros y relatos
Canal: Audionovelas ermakysevilla
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