El resplandor de Stephen King (Completo)

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El resplandor de Stephen King (Completo)
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Por: ermakysevilla
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Descripción del podcast de El resplandor de Stephen King (Completo): El Resplandor (título original The Shining) es la tercera novela de terror del escritor estadounidense Stephen King, publicada en 1977. El título se inspiró en la canción de John Lennon "Inst... ant Karma!", que contiene la línea «We all shine on...» Fue su primer bestseller en tapa dura, lo que lo posicionó como un preminente escritor del género de horror.

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El Resplandor (del 50 al 58) FINAL
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
02:38:08 min | hace 1 año
REDRUM Wendy Torrance estaba de pie, indecisa, en mitad del dormitorio,mirando a su hijo que se había quedado dormido.Hacía media hora que los ruidos habían cesado, todos juntos, al mismo tiempo. El ascensor, la fiesta, el ruido de las puertas de las habitaciones al abrirse y cerrarse. En vez de calmarla, eso hacía que la tensión mental de Wendy se intensificara; era como un susurro maléfico antes del último estallido brutal de la tormenta. Pero Danny se había dormido casi de inmediato, cayendo primero en un sueño superficial e inquieto, que en los diez últimos minutos se había hecho más profundo. Incluso si lo miraba directamente, Wendy apenas si veía en su pecho el lento movimiento de la respiración.Se preguntó cuánto tiempo haría que el niño no dormía una noche entera, una noche sin sueños que lo atormentaran, sin largos períodos desvelado, a oscuras, escuchando algazaras que para ella sólo se habían vuelto audibles —y visibles— en los dos o tres últimos días, a medida que se intensificaba la influencia del «Overlook» sobre ellos tres.
Género: Audiolibros y relatos
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El Resplandor (47,48 y 49 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
37:59 min | hace 1 año
Eran las tres de la tarde de un día largo, muy largo. Wendy y Danny estaban sentados en la cama grande, en sus habitaciones. Co mpulsivamente, Danny daba vueltas en las manos al «Volkswagen» en miniatura, color púrpura, con su monstruo asomándose por el techo corredizo. Mientras atravesaban el vestíbulo habían oído todo el tiempo los golpes que daba su papá, los golpes y la voz, ronca y colérica, jactanciosa como si fuera la de un rey destronado, vomitando promesas de castigo, blasfemias, prometiéndoles a ambos que en la vida dejarían de lamentar haberlo traicionado, después de los años que Jack se había pasado sacrificándose por ellos. Danny había pensado que desde arriba ya no llegarían a oírlo, pero los alaridos de furia les llegaban perfectamente por el hueco del montacargas. Mami estaba pálida, y tenía unas marcas horribles en el cuello, donde papito había tratado de... Danny seguía dando vueltas y vueltas en las manos al «Volkswagen», el premio que le había dado papá por haber estudiado tan bien sus lecturas. (... donde papá había tratado de abrazarla con demasiada fuerza.) Mamá puso música en el pequeño tocadiscos, un disco rayado, lleno de corno y flauta, y le sonrió con aire de cansancio. Danny intentó devolverle la sonrisa, pero no pudo. Hasta con el máximo de volumen, le parecía que seguía oyendo a su papá que vociferaba y sacudía la puerta de la despensa como un animal enjaulado. ¿Y si tenía que ir al cuarto de baño? Entonces, ¿qué haría?
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El Resplandor (46 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
39:19 min | hace 1 año
WENDY A mediodía, en un momento en que Danny había ido al cuarto debaño, Wendy sacó de bajo la almohada el cuchillo envue lto en el paño de cocina, se lo puso en el bolsillo de la bata y fue hacia la puerta del baño. —¿Danny? —¿Qué? —Voy abajo a preparar algo para el almuerzo. ¿De acuerdo? —De acuerdo. ¿Quieres que baje contigo? —No, yo lo subiré. ¿Qué te parece una tortilla de queso y un plato de sopa? —Perfecto. Ante la puerta cerrada, Wendy titubeó un momento más. —Danny, ¿está bien así? ¿Seguro? —Sí —respondió la voz del chico—. Pero ten cuidado. —¿Dónde está papá? ¿Tú sabes? —No. Pero ve tranquila. —La voz era extrañamente calmada.
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El Resplandor (45 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
15:29 min | hace 1 año
AEROPUERTO DE STAPLETON, DENVER A las 8:31 de la mañana, hora de las montañas, una mujer que viajaba en el vuelto 196 de l a «TWA» estalló en lágrimas y empezó a anunciar su opinión personal, tal vez no del todo ajena para algunos otros pasajeros (incluso para algún miembro de la tripulación), de que el avión iba a estrellarse. La mujer de rasgos afilados que iba sentada junto a Hallorann levantó la cabeza de su libro. —Papanatas —declaró, y tras ese breve análisis del carácter volvió a sumergirse en la lectura. Durante el vuelo se había bebido dos vodkas con zumo de naranja, que no parecían haberla descongelado en absoluto. —¡Nos vamos a estrellar! —gritaba histéricamente la mujer—. ¡Oh, estoy segura! Una de las azafatas se le acercó, presurosa, y se puso en cuclillas junto a su asiento. Hallorann pensó para sus adentros que solamente las azafatas y las amas de casa muy jóvenes parecían capaces de ponerse en esa posición con cierta gracia; lo cual es un talento raro y admirable. Siguió pensando lo mismo mientras la azafata conversaba en voz baja, sedante, con la pasajera, tranquilizándola poco a poco.
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El Resplandor (44 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
30:43 min | hace 1 año
CONVERSACIONES EN LA FIESTA Ahora estaba bailando con una hermosa mujer. No tenía idea de la hora que era, del tiempo que habí a pasado en el Salón Colorado ni de cuánto hacía que estaba allí, en el salón de baile. El tiempo ya no importaba. Tenía vagos recuerdos: el de haber escuchado a un hombre que había triunfado como cómico en la radio, y después, un artista de variedades, en los primeros tiempos de la TV, contando una historia larguísima y muy divertida sobre incesto entre hermanos siameses; el de haber visto a la mujer con pantalones de odalisca y corpiño de lentejuelas haciendo un striptease lento y sinuoso, al ritmo obsesivo y retumbante de una música del tocadiscos (que le había parecido el tema musical de David Rose para The Stripper); haber atravesado el vestíbulo en medio de otros dos hombres, vestidos ambos con un traje de etiqueta anterior a la década del 20, cantando los tres algo sobre una mancha seca que había en los calzones de Rosie O'Grandy. Le parecía recordar que al mirar el parque había visto linternas japonesas colgadas en graciosos arcos que se curvaban siguiendo la dirección de la entrada para coches, que resplandecían en suaves tonos pastel como sombrías joyas. El gran globo de cristal que pendía del cielo raso de la terraza estaba encendido, y los insectos nocturnos chocaban contra él y se metían dentro, y una parte de él, tal vez la última chispa, diminuta, de sobriedad, intentaba decirle que eran las seis de una mañana de diciembre. Pero el tiempo había quedado anulado.
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El Resplandor (43 de 58)
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14:43 min | hace 1 año
INVITA LA CASA Jack estaba en el comedor, sin haber pasado todavía las puertas dobles que daban al Salón Colorado, con la c abeza inclinada, escuchando, con una débil sonrisa.En torno a él, podía sentir cómo el «Overlook Hotel» cobraba vida. Era difícil decir exactamente cómo lo sabía, pero se daba cuenta de que lo que le sucedía no era muy diferente de las percepciones que tenía Danny de tiempo en tiempo... de tal padre, tal hijo. ¿No era así como se decía popularmente? No era una percepción visual ni sonora, aunque se aproximara mucho a ellas, ya que lo que la separaba de tales sentidos no era más que una levísima cortina perceptiva. Era como si a escasos centímetros de este«Overlook» hubiera otro, separado del mundo real (si es que hay algo a lo que se pueda llamar el «mundo real», pensó Jack), pero que gradualmente iba equilibrándose con él. Se acordó de los filmes tridimensionales que había visto de niño. Si uno miraba la pantalla sin las gafas especiales, se veía una doble imagen... algo un poco parecido a lo que sentía en ese momento. Pero cuando se ponía uno las gafas todo tenía sentido.
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El Resplandor (42 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
09:35 min | hace 1 año
EN VUELO A las 6:45 de la mañana, hora del Este, llamaron a los pasajeros para el vuelo de Dick Hallorann, pero a él lo retuv ieron en la puerta de embarque,pasándose nerviosamente la bolsa de vuelo de una mano a otra, hasta la última llamada, a las 6:55. Estaban esperando a Carlton Vecker, el único pasajero del vuelo 196 de la «TWA», de Miami a Denver, que no se había presentado. —Muy bien, tuvo suerte —declaró el empleado mientras entregaba a Hallorann el billete azul de primera clase—. Puede embarcar, señor. Hallorann subió presuroso por la escalerilla y dejó que, con una sonrisa mecánica, la azafata le cortara el pase, y le devolviera el resto. —Serviremos el desayuno durante el vuelo —anunció la azafata—. Si quiere usted...
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El Resplandor (41 de 58)
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11:12 min | hace 1 año
A LA LUZ DEL DÍA Con un grito ahogado, Danny se despertó de una pesadilla terrible.Había habido una explosión. Un incendi o. El «Overlook» se quemaba. Él y su mamá lo miraban desde el césped del frente. —Mira, Danny, mira los setos —le decía mami. Cuando él miraba, los setos estaban muertos. Las hojas se les habían puesto de color marrón oscuro. Las ramas, prietas, se veían entre el follaje quemado como el esqueleto de un cuerpo semidescompuesto. Y después su papá había irrumpido por entre las dobles puertas del frente del«Overlook», ardiendo como una tea. Tenía la ropa en llamas, la piel de un color oscuro y siniestro que se ennegrecía más por momentos, el pelo una zarza ardiendo. En ese momento se despertó, con la garganta cerrada por el terror, las manos contraídas sobre la sábana y las mantas. ¿Habría gritado? Miró a su madre. Wendy estaba tendida de costado, cubierta hasta la barbilla, con un mechón de pelo color de lino caído sobre las mejillas.
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El Resplandor (40 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
14:37 min | hace 1 año
EN EL SÓTANO (¡¡¡LA CALDERA LA MALDITA CALDERA!!!) La idea apareció de pronto en la mente de Jack Torrance, grabada a f uego en brillantes letras rojas. Tras ella, la voz de Watson:(Si se olvida irá subiendo y subiendo y lo más probable es que usted y toda su familia se despierten en la maldita luna... está regulada para dos cincuenta pero mucho antes de llegar a eso habrá volado... a mí me daría miedo acercarme a ella si está marcando ciento ochenta.) Jack se había pasado allí toda la noche, recorriendo las cajas de papeles viejos, poseído por la frenética sensación de que el tiempo se acortaba y de que tenía que darse prisa. Y los indicios vitales, las claves que le darían sentido a todo, seguían escapándosele. Tenía los dedos amarillentos y pegajosos de tanto hojear papeles viejos. Y se había dejado absorber tanto que no había vigilado la caldera ni siquiera una vez... La había bajado la noche anterior, a eso de las seis de la tarde, cuando bajó al sótano. Y ahora eran...Miró su reloj y dio un salto, derribando una pila de recibos viejos.Cristo, eran las cinco menos cuarto de la madrugada.A sus espaldas, el horno se sacudía. La caldera emitía una especie de gruñido sibilante.
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El Resplandor (39 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
11:53 min | hace 1 año
EN LAS ESCALERAS Unas de las cosas que habían vendido para salir un poco del paso mientras estaban en Vermont, poco antes de m udarse a Colorado, fue la colección de antiguos álbumes de rock and roll y de rythme and blues que tenia Jack, y que fueron a parar a la subasta a un dólar por disco. Uno de esos álbumes, el favorito de Danny, era una colección de discos dobles de Eddie Cochran con cuatro páginas en la cubierta con notas de Lenny Kaye.Muchas veces, a Wendy la había sorprendido la fascinación de Danny por ese determinado álbum de un hombre-niño que vivió deprisa y murió joven...que había muerto cuando ella sólo tenía 10 años.Ahora, a las siete y cuarto (hora de las montañas), en el momento en que Dick Hallorann le contaba a Queems la historia del amante blanco de su ex mujer, Wendy se encontró a Danny sentado en mitad de la escalera que iba del vestíbulo a la primera planta, pasándose de una mano a otra una pelota roja de goma y cantando con voz baja y monocorde una de las canciones de ese álbum: So / climb one-two flight three flight four, five flight six flight seven flight more… when I get to the top, I'm too tired to rock…
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El Resplandor (38 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Misterio y otras realidades
40:57 min | hace 1 año
FLORIDA Dick, el tercer hijo de la señora Hallorann, con su ropa blanca de cocinero y un «Lucky Strike» aparcado en un ángu lo de la boca, hizo retroceder su recuperado «Cadillac» para sacarlo del aparcamiento que había al fondo del Mercado Mayorista de Verduras y dio lentamente la vuelta al edificio. Masterton, que pese a ser uno de los dueños seguía andando con el paso cansado que había adoptado desde antes de la Segunda Guerra Mundial, estaba entrando un cajón de lechugas en el edificio alto y oscuro. Hallorann oprimió el botón que bajaba la ventanilla del acompañante. —¡Esos aguacates están demasiado caros, tacaño! —vociferó. Masterton lo miró por encima del hombro, dilató su sonrisa hasta dejar ver los tres dientes de oro y gritó a su vez: —¡Y te puedo decir exactamente dónde puedes metértelos,compañero! —Comentarios como ése son dignos de atención, hermano. Masterton le mostró el dedo del medio. Hallorann le devolvió la cortesía. —¿Encontraste los pepinillos en vinagre, sí? —preguntó Masterton. —Sí. —Ven mañana por la mañana, que te daré las mejores patatas nuevas que hayas visto en tu vida. —Te enviaré al chico —respondió Hallorann—. ¿Vienes esta noche? —¿Tú pones las bebidas, hermano? —Ya las tengo compradas. —Cuenta conmigo. Y no pises a fondo cuando vuelvas, ¿me oyes? Desde aquí hasta St. Pete todos los polis se saben tu nombre. —Qué enterado estás, ¿no? —comentó Hallorann, burlón. —Más de lo que estarás tú en tu vida, hombre. —Pero escuchen qué negro impertinente. ¿Qué te crees? —Vamos, vete de una vez si no quieres que empiece a tirarte las lechugas. —Pues si me las tiras gratis, ya puedes empezar. Masterton hizo ademán de tirarle una. Hallorann la esquivó, volvió a subir la ventanilla y se alejó. Se sentía estupendamente. Hacía más o menos media hora que venía sintiendo olor a naranjas, pero no le parecía extraño. Se había pasado la última media hora en un mercado de frutas y verduras. Eran las cuatro y media de la tarde, hora del Este, del primero de diciembre, y el perro invierno estaría asestando su trasero helado sobre la mayor parte del país, pero aquí los hombres andaban con camisas de manga corta y cuello abierto, y las mujeres usaban vestidos de verano y shorts. En lo alto del edificio del «First Bank» de Florida, un termómetro numérico adornado con enormes pomelos anunciaba obstinadamente 29 grados. Gracias te sean dadas, oh Dios, por Florida, pensó Hallorann. Con mosquitos y todo......
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El Resplandor (37 de 58)
En el Podcast  El resplandor de Stephen Kin.  en  Arte y literatura
19:42 min | hace 1 año
EL SALÓN DE BAILE Era el primero de diciembre. Danny estaba en el salón de baile del ala este, y se había subido a un alto sillón tapizado, de respaldo de orejas, para mirar el reloj que, protegido por un fanal de cristal, ocupaba el lugar de honor en la ornamentada repisa de la chimenea, flanqueado por dos grandes elefantes de marfil. El niño esperaba casi que los elefantes empezaran a moverse e intentaran ensartarlo con los colmillos, pero siguieron inmóviles. Los elefantes eran «seguros». Desde la noche que había sucedido lo del ascensor, Danny había dividido todas las cosas del «Overlook» en dos categorías. El ascensor, el sótano, la zona infantil, la habitación 217 y la suite presidencial eran lugares «peligrosos». Los cuartos de ellos, el vestíbulo y la terraza eran «seguros».Aparentemente, el salón de baile también.(Los elefantes sí, en todo caso.) De otros lugares Danny no tenía la certeza, de manera que, por principio, los evitaba. Miró el reloj cobijado bajo el fanal. Lo tenían bajo vidrio porque tenía todas las ruedecillas, engranajes y resortes al descubierto. Alrededor del mecanismo, exteriormente, corría una especie de raíl cromado o de acero, y directamente bajo la esfera del reloj había un pequeño eje con un engranaje en cada extremo. Las manecillas del reloj estaban detenidas a las XI y cuarto, y aunque no sabía los números romanos, por la posición de las agujas Danny podía adivinar a qué hora se había parado el reloj, situado sobre su base de terciopelo. Delante y ligeramente deformada por la curva del fanal, había una llavecita de plata bellamente labrada.....
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El Resplandor (36 de 58)
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15:31 min | hace 1 año
Jack se despertó de un sueño superficial e inquieto en el que formas enormes e imprecisas lo perseguían a través de interminab les campos cubiertos de nieve ha...cia algo que, primero, le pareció otro sueño: una oscuridad llena de un súbito estrépito de ruidos mecánicos... golpeteos, chirridos, murmullos, tintineos y crujidos. Sólo cuando Wendy, junto a él, se sentó en la cama, comprendió que no era un sueño. —¿Qué es eso? —fría como de mármol, la mano de ella le cogió la muñeca. Jack dominó el impulso de quitársela de encima... ¿cómo diablos iba a saber él qué era? El reloj luminoso que tenían sobre la mesita de noche marcaba las doce menos cinco. Otra vez el murmullo, sonoro y continuo, casi sin variación. Seguido por un choque metálico al cesar el murmullo. Un ruido seco. Un golpe sordo. Después volvió a empezar el murmullo. Era el ascensor. Danny también se había sentado. —¡Papá! ¿Papito? —la voz, soñolienta y asustada. —Estoy aquí, doc —respondió Jack—. Vente a nuestra cama. Mami también está despierta. Las sábanas crujieron mientras el chico se metía en la cama, entre ellos. —Es el ascensor —susurró. —Eso mismo —asintió Jack—. No es más que el ascensor. —¿Qué quieres decir con no es más? —lo apremió Wendy, con un gélido filo
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El Resplandor (35 de 58)
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11:23 min | hace 1 año
EL VESTÍBULO Danny les había contado todo, salvo lo que le sucedió cuando la nieve le dejó bloqueada la entrada del tubo de cemento. Eso, no pudo obligarse a relatarlo. Tampoco sabía con qué palabras expresar la insidiosa, lánguida sensación de terror que lo había invadido cuando oyó que las hojas secas empezaban a crujir, furtivamente, en la fría oscuridad. Pero sí les habló de ese ruido suave que hacía la nieve al desmoronarse. Del león, con la cabeza inclinada y las paletillas tensas por el esfuerzo de salir de la nieve para perseguirlo. Hasta les contó que, hacia el final, el conejo había vuelto la cabeza para vigilarlo.Estaban los tres en el vestíbulo. Jack había encendido un rugiente fuego en la chimenea. Danny, envuelto en una manta, estaba acurrucado en el sofá donde, hacía como un millón de años, se habían sentado las tres monjas, riéndose como chiquillas mientras esperaban a que disminuyera la cola formada frente al mostrador. Tenía en las manos un jarro con sopa de fideos y, sentada junto a él, Wendy le acariciaba el pelo. Jack se había sentado en el suelo; parecía que sus rasgos hubieran ido cobrando una Expresión cada vez más impasible, cada vez más rígida a medida que Danny contaba su historia. En dos ocasiones sacó el pañuelo del bolsillo de atrás del pantalón y se lo pasó por los labios irritados....
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El Resplandor (34 de 58)
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25:06 min | hace 1 año
LOS SETOS Era el 29 de noviembre, tres días después del Día de Acción de Gracias.La última semana había sido espléndida, y la cena de Acción de Gracias la mejor que había conocido la familia. Wendy había cocinado bien el pavo que les había dejado Dick Hallorann, y habían comido todos a reventar sin conseguir siquiera que la enorme ave perdiera la forma. Jack se había quejado, gruñendo, de que se pasarían el resto del invierno comiendo pavo: pavo a la crema, sandwiches de pavo, pavo con tallarines, pavo surprise. No, le había dicho Wendy con una sonrisita. Sólo hasta Navidad.Después tendremos el capón. Jack y Danny gimieron al unísono. Los magullones en el cuello de Danny habían desaparecido, y con ellos parecían haberse disipado los miedos de todos. Durante la tarde del día de Acción de Gracias, Wendy había estado paseando a Danny en el trineo, mientras Jack trabajaba en su obra, que ya estaba casi terminada. —¿Todavía tienes miedo, doc? —le había preguntado, sin saber cómo plantear la cuestión de manera menos directa. —Sí —le había contestado sencillamente el chico—. Pero ahora me quedo en los lugares seguros.
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El Resplandor (33 de 58)
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28:29 min | hace 1 año
EL VEHÍCULO PARA LA NIEVE En algún momento después de medianoche, mientras estaban todos sumidos en un sueño inquieto, la n ieve había dejado de caer, tras haber agregado unos veinte centímetros más a la antigua capa. Las nubes se abrieron, un viento fresco las disipó, y ahora Jack estaba parado en mitad de un polvoriento lingote de sol que entraba oblicuamente a través de la sucia ventana situada en la pared oriental del cobertizo para herramientas.Por sus dimensiones, el lugar se parecía mucho a un vagón de carga. Olía a grasa, a petróleo y a gasolina y también —débil y nostálgicamente— a césped cortado. Cuatro cortadoras de motor se alineaban como soldados en revista a lo largo de la pared del sur; dos de ellas eran del tipo para ir sentado, como en un pequeño tractor. A la izquierda de ellas se veían azadas, palas de punta destinadas a reponer el césped en el campo de golf,una sierra de cadena, las tijeras eléctricas para podar el cerco y un poste de acero, largo y delgado, con una banderita roja en la punta. Caddy, si me traes la pelota en menos de diez minutos, te ganarás veinticinco centavos. Sí,señor...
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El Resplandor (32 de 58)
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49:27 min | hace 1 año
EL DORMITORIO: Más hacia el atardecer, Jack cogió un catre en el cuarto destinadoa almacén en la primera planta, y lo puso en u n rincón del dormitorio de ellos.Wendy se había imaginado que Danny no se dormiría hasta bien avanzada la noche, pero el niño estaba cabeceando antes de que estuviera mediada la serie de TV, y quince minutos después de que lo hubieran arropado, estaba ya sumergido en el sueño, inmóvil, con una mano debajo de la mejilla. Wendy, sentada vigilante junto a él, marcaba con un dedo el punto donde había llegado en la novela que leía. Ante su escritorio, Jack recorría con la vista su obra de teatro. —Qué mierda —farfulló Jack. —¿Cómo? —interrogó Wendy, arrancada a su contemplación de Danny. —Nada. Jack siguió mirando la obra con creciente furia. ¿Cómo podía haberle parecido que era buena? Era pueril. Algo que se había hecho un millar de veces. Y lo peor era que no tenía idea de cómo terminarla. En algún momento le había parecido bastante simple. En un acceso de rabia, Denker se apodera del atizador que hay junto a la chimenea y golpea santamente a Gary, hasta matarlo.
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El Resplandor (31 de 58)
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01:07 min | hace 1 año
EL VEREDICTO:Jack entró en la cocina y los miró, mientras hacía saltar la llave maestra en la mano izquierda para recogerla al caer, tintineante la cadena de la blanca chapa de metal. Danny estaba pálido y agotado. Wendy había estado llorando, era evidente; tenía los ojos enrojecidos y se la veía ojerosa.Advertido lo alegró súbitamente. Por lo menos no era él el único que sufría.Ellos lo miraban, sin hablar. —Allí no hay nada —declaró Jack, atónito ante la despreocupación de su propia voz—. Absolutamente nada. Siguió haciendo saltar en el aire la llave maestra, tranquilizándolos con su sonrisa, sintiendo cómo el alivio se les pintaba en la cara, y pensó que jamás en su vida había necesitado tan desesperadamente un trago como en ese momento.
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El Resplandor (30 de 58)
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15:08 min | hace 1 año
NUEVA VISITA A LA 217: Para subir tomó el ascensor, cosa rara, porque desde que llegaron ninguno de ellos había utilizado el ascensor. Manipuló la palanca de bronce y el aparato subió, entre quejosas vibraciones, por el hueco, mientras las puertas de reja se sacudían desaforadamente. Jack sabía que a Wendy el ascensor le inspiraba un horror realmente claustrofóbico. Se imaginaba a ellos tres atrapados entre dos plantas, mientras afuera rugían las tormentas invernales, y podía verlos cada vez más flacos y más débiles, hasta morirse de hambre. O se imaginaba que se devorarían entre ellos, como había pasado con aquellos jugadores de rugby. Recordó una de esas etiquetas que se pegan en los parabrisas, que había visto en Boulder: JUGADORES DE RUGBY DEVORAN A SUS MUERTOS. También recordaba otras: USTED ES LO QUE COME. O frases de menús. Bienvenido al comedor del «Overlook», el orgullo de las Montañas Rocosas. Coma espléndidamente en el techo del mundo. Cuadril humano asado a las cerillas, la spécialité de la Maison. La sonrisa despectiva volvió a juguetear en sus labios. Cuando en la pared del hueco apareció el número 2, volvió la palanca de bronce a su posición inicial y el ascensor se detuvo. Jack se echó tres pastillas de «Excedrina» en la mano y abrió la puerta del ascensor. En el «Overlook» no había nada que lo asustara. Él y el hotel simpatizaban. Recorrió el pasillo mientras se iba echando las tabletas en la boca y masticándolas una por una. Dobló la esquina del corto pasillo que se apartaba del corredor principal. La puerta de la habitación 217 estaba entreabierta y la llave maestra colgaba de la cerradura......
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El Resplandor (29 de 58)
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20:04 min | hace 1 año
CONVERSACIÓN EN LA COCINA:Jack llevó a Danny a la cocina.El chico seguía sollozando desesperadamente negándose a apartar la ca ra del pecho de Jack. En la cocina, Jack volvió a entregárselo a Wendy, que seguía pareciendo azorada e incrédula. —Jack, no se de qué está hablando. Créeme, por favor. —Te creo —asintió él, aunque para sus adentros tenía que admitir que le daba cierto placer ver la forma tan inesperada, tan desconcertante, en que se habían dado la vuelta las cosas. Sin embargo, su furia con Wendy no había sido más que un arranque del momento; en su fuero interno, Jack sabía que Wendy se vertería encima una lata de gasolina y se prendería fuego antes de dañar a Danny. Sobre el quemador de atrás de la cocina, con fuego bajo, se mantenía la tetera. Jack puso un saquito de té en su gran tazón de cerámica y lo llenó de agua caliente hasta la mitad. —¿Tienes jerez para cocinar, verdad? —presunto a Wendy. —¿Cómo? Ah, si... hay dos o tres botellas. —¿En qué armario? Ella se lo señaló, y Jack bajó una de las botella, Echó un buen chorro en el tazón, volvió a guardar el jerez y llenó de leche el resto del tazón. Le agregó tres cucharadas de azúcar y lo revolvió. Después se lo alcanzó a Danny, cuyos sollozos habían disminuido hasta convertirse en un lloriqueo entrecortado. Pero seguía temblando de pies a cabeza y los ojos, muy abiertos, no habían perdido su fijeza......
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