Un Mundo sin Fin de ken follett

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Un Mundo sin Fin de ken follett
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Por: ermakysevilla
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Descripción del podcast de Un Mundo sin Fin de ken follett: Un mundo sin fin es el título de una novela de ficción histórica escrita por Ken Follett y publicada el 9 de octubre de 2007. Se trata de la segunda parte de la conocida obra Los Pilares de la Tier... ra. Tiene lugar en la misma ciudad, Kingsbridge, pero 200 años después. Los personajes son los descendientes de los de la primera novela. El libro se centra en gran parte en la peste negra y los amores, odios, pasiones, orgullos y venganzas del mundo medieval visto por el autor. El autor se inspiró en la catedral de Santa María de Vitoria-Gasteiz para escribir la novela.

La obra se publicó 28 de diciembre de 2007 en España, tanto su edición en castellano como en catalán.

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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 55
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
38:25 min | hace 7 días
Merthin pasó gran parte de la noche en vela. Estaba acostumbrado a pasar la noche en posadas, y los ruiditos que hacía Lolla mi entras dormía lo calmaban; pero esa noche no podía dejar de pensar en Caris. Estaba sorprendido por la reacción que había mostrado a su regreso, pero se dio cuenta entonces de que nunca se había guiado por la lógica cuando pensaba en cómo se sentiría ella cuando lo viera reaparecer. Se había dejado llevar por pesadillas muy poco realistas sobre los cambios que podría haber sufrido ella, y, en el fondo, había esperado que tuvieran una reconciliación feliz. Caris, por supuesto, no lo había olvidado; pero él bien podría haberse imaginado que ella no habría pasado nueve años afligida por su marcha: no era de ese tipo de mujeres.
Género: Audiolibros y relatos
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 54
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
45:01 min | hace 18 días
Merthin abandonó Italia acompañado de una docena de mercaderes de Florencia y Lucca. Tomaron un barco en Genova hasta el antiguo puerto francés de Marsella. De ahí viajaron por tierra hasta Aviñón, residencia del Papa durante los cuarenta años anteriores o más, y también la corte más fastuosa de Europa,así como la ciudad más maloliente que Merthin había conocido. Ahí se sumaron a un grupo mayor de clérigos y de peregrinos que regresaban a su hogar y se dirigían hacia el norte.Todo el mundo viajaba en grupos, cuanto mayores, mucho mejor. Los mercaderes llevaban consigo dinero y mercancías muy caras, y disponían de hombres de armas que los protegían de los proscritos. Les gustaba tener compañía: los hábitos sacerdotales y las insignias de los peregrinos podían disuadir a los asaltantes, e incluso viajeros ordinarios como Merthin eran de ayuda porque hacían que el grupo fuera más nutrido.
Género: Audiolibros y relatos
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 53
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
37:52 min | hace 26 días
En la primavera de 1348; Merthin se despertó con la sensación de que acababa de tener una pesadilla que no podía recordar del t odo. Se sentía asustado y débil. Abrió los ojos en una habitación iluminada por los rayos de luz del sol que se filtraban por los postigos a medio cerrar. Vio un techo alto, paredes blancas y baldosas rojas. Soplaba una brisa agradable. La realidad regresaba lentamente. Estaba en su dormitorio, en su casa, en Florencia. Había estado enfermo. Lo primero que recordó fue la enfermedad, que empezó con un sarpullido, luego le salieron unas manchas de color púrpura oscuro en el pecho, que se extendieron a los brazos y, finalmente, a todo el cuerpo. Al cabo de poco, le salió un bulto o pústula en la axila. Empezó a tener fiebre, a sudar en la cama y a enmarañarse en las sábanas por culpa de las vueltas que daba. Vomitó y tosió sangre. Llegó a creer que se moriría. Lo peor de todo fue una sed horrible,insaciable, que hizo que le entraran ganas de tirarse al río Arno con la boca abierta.
Género: Podcasting
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 52
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
32:14 min | hace 1 mes
Cuando el conde Roland murió al día siguiente de la batalla de Crécy, fueron muchos los que ascendieron un escalafón en su jer arquía. Su hijo mayor, William, pasó a ser el conde, señor feudal del condado de Shiring, que debía rendir cuentas al rey. Un primo de William, sir Edward Courthouse, se convirtió en señor de Caster, asumió el gobierno de cuarenta aldeas de ese feudo como usufructuario del conde y se trasladó a la antigua casa que habían ocupado William y Philippa en Casterham. Por último, sir Ralph Fitzgerald se convirtió en señor de Tench.
Género: Audiolibros y relatos
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 51
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
25:39 min | hace 1 mes
L a cosecha de 1347 no fue muy abundante para los labriegos de Wigleigh. Los aldeanos hicieron lo acostumbrado en esos casos: cons umir menos comida,posponer la compra de sombreros y cinturones, y dormir más apretujados para darse calor entre sí. La viuda Huberts murió antes de lo esperado; Janey Jones sucumbió a un ataque de tos ferina a la que podría haber sobrevivido en un buen año; y el recién nacido de Joanna David, que en otras circunstancias habría tenido alguna oportunidad de seguir con vida, no llegó a celebrar su primer cumpleaños.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 50
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
24:40 min | hace 1 mes
C aris fue testigo de los momentos iniciales de la batalla desde el otro lado del valle. Vio a los ballesteros genoveses intentand o huir y también cómo los caballeros de su propio bando les cortaban el paso. A continuación vio la primera gran carga, con los colores del conde de Alencon dirigiendo a miles de caballeros y hombres de armas. Jamás había sido testigo de una batalla y la visión de aquella contienda la enfermó. Centenares de caballeros cayeron víctimas de las flechas inglesas, y después fueron aplastados por las patas de los imponentes caballos de batalla. Caris estaba demasiado lejos para poder presenciar la lucha cuerpo a cuerpo, pero vio el destello de las espadas y a los guerreros caer desplomados, y sintió ganas de llorar. Como monja, había visto heridas muy graves —hombres caídos desde altos andamiajes,
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 47,48 y 49
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01:33:23 min | hace 2 meses
E l 22 de agosto, el ejército inglés estaba huyendo. Ralph Fitzgerald no estaba seguro de cómo había ocurrido. Habían irrumpi do en Normandía, recorriéndola de oeste a este, saqueando e incendiando cuanto encontraban a su paso, y nadie había sido capaz de hacerles frente. Ralph se había sentido en su elemento.Sobre la marcha, un soldado podía apropiarse de cuanto veía —comida, joyas, mujeres— y matar a cualquier hombre que se interpusiera en su camino. Ésa sí que era forma de vivir la vida. El rey era un hombre con quien Ralph se identificaba. Eduardo III adoraba batallar. Cuando no estaba librando una guerra pasaba gran parte de su tiempo organizando complejos torneos, carísimos simulacros de refriegas con ejércitos de caballeros uniformados especialmente para la ocasión. Durante las campañas, el monarca siempre estaba dispuesto a encabezar una partida de avanzadilla o ataque, arriesgando su vida, sin detenerse jamás a sopesar los riesgos y beneficios, como un vulgar mercader de Kingsbridge. Los caballeros y condes de más edad hablaban de su sanguinaria brutalidad y habían elevado sus quejas por ciertos incidentes, como las violaciones sistemáticas de las mujeres de Caen, pero esas críticas traían sin cuidado a Eduardo. Cuando le había llegado la noticia de que algunos ciudadanos de Caen habían lanzado piedras contra los soldados que estaban saqueando sus casas, había ordenado el asesinato sumario de todos los habitantes de la ciudad, y sólo transigió tras las acaloradas protestas de sir Godfrey de Harcourt y otros nobles.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 45 y 46
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01:22:11 min | hace 2 meses
Caris sirvió el desayuno a los visitantes y les aconsejó que fueran al mercado. Sólo permitió que se quedaran los enfermos. E l suelo del hospital estaba más mugriento que de costumbre, y ordenó que lo barrieran y lo lavaran. Luego acudió al oficio en la catedral. El obispo Richard no estaba presente. Se encontraba con el rey planeando una nueva invasión a Francia; siempre había considerado su obispado como un medio para sustentar su estilo de vida aristocrático. En su ausencia, el arcediano Lloyd era quien dirigía la diócesis, recolectaba los diezmos y rentas del obispo, oficiaba los bautizos de los recién nacidos y presidía los oficios con una eficiencia obstinada y carente de imaginación, habilidad de la que estaba haciendo gala en ese preciso momento con un tedioso sermón sobre la razón por la que Dios era más importante que el dinero, una prédica algo desafortunada con la que inaugurar una de las más importantes ferias comerciales de Inglaterra.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulo 40 (Resubido)
En el Podcast  Un Mundo sin Fin de ken foll.  en  Arte y literatura
53:43 min | hace 2 meses
Caris era miembro de pleno derecho del gremio gracias a su boyante negocio de producción de paño escarlata, el mismo que había rescatado a su padre de la bancarrota. Muchas otras personas de Kingsbridge prosperaban gracias a ella, sobre todo la familia Webber. Edmund había podido cumplir su promesa y había prestado dinero para la reconstrucción del puente, gracias a lo cual otros comerciantes lo habían imitado, animados por el florecimiento general. La construcción del puente avanzaba a pasos agigantados aunque, por desgracia, bajo la supervisión de Elfric, no de Merthin. Últimamente el padre de Caris ya apenas tomaba la iniciativa. Cada vez eran menos los momentos en que volvía a ser el avispado comerciante de siempre. Caris estaba preocupada por él, pero ¿qué podía hacer? Sentía la misma frustración amarga que la había acompañado durante la enfermedad de su madre. ¿Por qué no había cura para él? Nadie conocía la causa, ni siquiera sabían qué nombre darle a su dolencia, únicamente se limitaban a decir que era por la edad ¡cuando ni tan sólo había cumplido los cincuenta!
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 43 y 44
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01:20:04 min | hace 2 meses
La hermana Caris abandonó el claustro de las monjas y entró con paso brioso en el hospital. Allí tres pacientes yacían en send as camas: Julie la Anciana estaba demasiado débil para asistir a los oficios o subir la escalera que conducía al dormitorio de las monjas; Bella Brewer, la esposa de Danny, el hijo de Dick Brewer, se estaba recuperando de un parto complicado y por último, Rickie Silvers, de trece años, se había roto un brazo y Matthew Barber le había recolocado el hueso. Dos personas más conversaban sentadas en un banco lateral, una novicia llamada Nellie y Bob, un sirviente del priorato. La mirada experta de Caris recorrió la habitación. Al lado de cada cama había un plato sucio donde se había servido la comida hacía ya mucho rato.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 40, 41 Y 42
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02:39:44 min | hace 3 meses
Ralph y Tam cabalgaban juntos colina arriba seguidos por Alan Fernhill,también a caballo, y los demás proscritos, que iban a pie . Ralph se sentía bien, había sido una nueva y fructífera mañana de domingo. La primavera había llegado y los campesinos empezaban a llevar al mercado la producción de la nueva estación. Los miembros de la banda se habían hecho con media docena de corderos, un jarro de miel, una jarra de nata con tapa y varias botas de vino. Como siempre, los proscritos apenas habían sufrido heridas de consideración, sólo unos cuantos cortes y moretones causados por las víctimas más insensatas. La sociedad con Tam había demostrado ser muy rentable. Un par de horas de trabajo fácil les reportaban todo lo que necesitaban para vivir una semana entera a cuerpo de rey. El resto del tiempo lo pasaban cazando de día y bebiendo de noche. No había siervos zafios que les dieran la lata con disputas sobre lindes o les escatimaran las rentas. Lo único que les faltaba eran mujeres y ese día habían puesto remedio a ese problema después de raptar a dos jóvenes orondas, unas hermanas de unos trece y catorce años.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 38 y 39
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54:03 min | hace 3 meses
R alph permaneció en vela la noche anterior a su juicio. Había visto morir a muchas personas en la horca. Todos los años, veint e o treinta hombres y algunas mujeres subían al carro del sheriff y bajaban por la colina desde la prisión del castillo de Shiring hasta la plaza del mercado, donde les esperaba el cadalso. A pesar de ser algo habitual, esos hombres habían perdurado en la memoria de Ralph y esa noche regresaban para atormentarlo. Unos pocos morían al instante al partirse el cuello con el tirón de la caída, pero eran los menos. La mayoría se asfixiaba poco a poco; pateaban, se debatían y boqueaban intentando gritar en vano; se orinaban y se defecaban encima.Recordaba a una anciana en particular, condenada por brujería, que al caer se había mordido la lengua y la había escupido. La gente que se agolpaba alrededor del cadalso había retrocedido atemorizada ante el trozo de carne sanguinolento que había salido volando por los aires y aterrizado en el suelo polvoriento. Todo el mundo le había asegurado que no iban a colgarlo, pero no podía apartar esa imagen de su mente. La gente decía que el conde Roland no podía permitir que ejecutaran a uno de sus señores basándose en la palabra de un siervo. Sin embargo, hasta el momento el conde no se había dignado intervenir.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 35,36 y 37
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01:30:19 min | hace 3 meses
Por fortuna, Gwenda fue una de las primeras personas en ver a Annet después del incidente. Gwenda y Peg llevaron a casa la colad a y la tendieron a secar alrededor del fuego de la cocina del hogar de Perkin, para quien Gwenda seguía trabajando de bracera, pero como estaban en otoño y la faena del campo había menguado,ayudaba a Peg en las tareas del hogar. Cuando terminaron con la colada, empezaron a preparar la comida para Perkin, Rob, Billy Howard y Wulfric. —¿Qué puede haberle pasado a Annet? —preguntó Peg al cabo de una hora. —Iré a ver. Gwenda comprobó primero que su pequeño estuviera bien. Sammy descansaba en un moisés, envuelto en un trozo de manta vieja de color marrón, con sus vivos ojillos oscuros atentos al humo de la lumbre que se arremolinaba en zarcillos bajo el techo. Gwenda lo besó en la frente y luego fue a buscar a Annet.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 33 y 34
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01:15:41 min | hace 4 meses
Tengo la solución —le dijo Caris a su padre. Éste estaba sentado en el enorme asiento de madera en la cabecera de la mesa, con una sonrisa leve en el rostro. Caris conocía el significado de aquella expresión, sentía cierto escepticismo pero estaba dispuesto a escuchar. —Adelante —la animó. Se notaba un poco nerviosa; estaba segura de que su idea funcionaría, de que salvaría la fortuna de su padre y el puente de Merthin, pero ¿lograría convencer de ello a Edmund? —Con nuestro excedente de lana, lo hilamos, lo convertimos en paño y lo teñimos —explicó, sin más. Contuvo la respiración, aguardando la reacción de su progenitor. —Los laneros suelen probar con eso en los tiempos duros —dijo el hombre—. Pero dime por qué crees que funcionaría. ¿Cuánto costaría? —Por cardarla, hilarla y tejerla, cuatro chelines el costal. —¿Y cuánto paño obtendríamos a partir de eso? —Un costal de lana de baja calidad comprado por treinta y seis chelines, tejido por cuatro chelines más produciría un total de cuarenta y ocho varas de paño. —Que tú venderías por... —Sin teñir, el buriel marrón se vende a chelín la vara, así que lo vendería por cuarenta y ocho chelines, ocho más de lo que habríamos pagado. —No es mucho, teniendo en cuenta todo el trabajo que hay que hacer.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 31 y 32
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44:49 min | hace 4 meses
C aris oyó un grito de dolor y reconoció de inmediato la voz de Gwenda. Sintió una punzada de miedo: algo iba mal. Dando un par de apresuradas zancadas, se plantó en el puesto de Perkin. Gwenda estaba sentada en un taburete, con el rostro muy pálido y crispado por una mueca de dolor, y con la mano de nuevo a la altura de los riñones. Tenía el vestido húmedo. —Ha roto aguas —explicó la mujer de Perkin en tono eficiente—. Se ha puesto de parto. —Pero es muy pronto... —dijo Caris con ansiedad. —Pues ese hijo viene en camino de todos modos. —Es muy peligroso. —Caris tomó una decisión—. Vamos a llevarla al hospital. —Normalmente, las mujeres no acudían al hospital a dar a luz, pero admitirían a Gwenda si Caris insistía. Un niño prematuro podía ser muy vulnerable, todo el mundo lo sabía. Wulfric apareció junto a Gwenda. A Caris le impresionó lo joven que parecía, diecisiete años y a punto de ser padre. —Sólo estoy un poco floja. Se me pasará enseguida.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 29 y 30
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01:37:23 min | hace 4 meses
Westminster Hall era enorme, mucho mayor que el interior de algunas catedrales. Era una sala sobrecogedoramente larga y espaciosa , y su techo de altura colosal estaba sostenido por una hilera doble de columnas altas. También era la sala más importante del palacio de Westminster.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 27 y 28
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01:21:44 min | hace 5 meses
La cosecha era pobre. El sol había lucido tan poco durante el mes de agosto que el grano apenas había madurado cuando llegó sep tiembre. En la aldea de Wigleigh, los ánimos estaban por los suelos. No se respiraba la euforia típica del tiempo de cosecha; no había danzas, ni bebida, ni idilios espontáneos. Los cultivos húmedos tenían muchas posibilidades de acaba r pudriéndose y muchos aldeanos pasarían hambre antes de que llegara la primavera. Wulfric recogía la cebada bajo una lluvia torrencial; iba guadañando los altos tallos mientras Gwenda andaba tras él atando las gavillas. El primer día soleado de septiembre empezaron a cosechar el trigo, el cereal más preciado, con la esperanza de que el buen tiempo durara lo suficiente para se cario.En algún momento, Gwenda se apercibió de que a Wulfric lo dominaba la furia.La súbita pérdida de toda su familia lo había hecho encolerizarse. Si hubiera podido, habría culpado a alguien de su dolor, pero el derrumbamiento del puente parecía producto del azar, una acción llevada a cabo por los espíritus malignos o un castigo de Dios, así que el único modo que tenía de canalizar su pasión era trabajar. Gwenda, por su parte, estaba dominada por un amor que era igual de intenso. Se dirigían a los campos al despuntar el alba y no cesaban hasta que la oscuridad les impedía ver. Gwenda se acostaba cada día con dolor de espalda y se despertaba cuando oía a Wulfric cerrar de golpe la puerta de la cocina antes del amanecer. Aun así, eran los más rezagados.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 25 y 26
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01:56:11 min | hace 5 meses
Al día siguiente de que a Godwyn lo nombraran prior de Kingsbridge, Edmund Wooler se presentó en casa de los padres de Merthin a primera hora de la mañana. Merthin tenía tendencia a olvidar lo influyente que era Edmund, pues éste siempre lo trataba como a uno más de la familia. Gerald y Maud, en cambio, se comportaban como si acabaran de recibir la visita inesperada de un miembro de la realeza. Se avergonzaban de que Edmund viera lo humilde que era su casa, que constaba de una única estancia, y Merthin y sus padres dormían en jergones de paja en el suelo. Había un hogar y una mesa, y también un pequeño patio trasero. Por suerte, la familia se había levantado al alba y todos habían tenido tiempo de asearse, vestirse y adecentar el lugar. En cuanto Edmund entró en la casa con paso firme y característicamente irregular, la madre de Merthin quitó el polvo a un taburete, se atusó el pelo, cerró la puerta trasera y luego volvió a abrirla, y por fin echó un leño a la lumbre. Su padre hizo varias reverencias, se cubrió con un sobretodo y ofreció a Edmund un vaso de cerveza. —No, gracias, sir Gerald —rehusó Edmund, sin duda consciente de que la familia no podía permitirse malgastar nada—. Sin embargo, sí que tomaré un poco de vuestro potaje, lady Maud, si me lo permitís. —Toda familia mantenía en la lumbre un puchero con avena al que añadían huesos, corazones de manzana, vainas de guisantes y otros restos de comida, y luego cocían la mezcla a fuego lento durante días. La sazonaban con sal y hierbas aromáticas y de ello resultaba una sopa que nunca sabía igual. Era el alimento más barato.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 22,23 y 24
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02:16:33 min | hace 6 meses
Godwyn estaba preparando la catedral de Kingsbridge para los esponsales. La iglesia tendría que vestirse con sus mejores galas. A demás del conde de Monmouth y el de Shiring, varios barones y cientos de caballeros asistirían a la ceremonia, por lo que había que sustituir las piedras rotas, reparar la cantería desportillada, volver a tallar las molduras que se desmenuzaban, encalar las paredes, pintar los pilares y todo tenía que quedar limpio como una patena. —Y quiero que las reparaciones del pasillo sur del presbiterio estén terminadas —le comentó Godwyn a Elfric mientras atravesaban la iglesia. —No estoy seguro de que eso sea posible... —Pues tendrá que serlo. No puede haber andamios en el presbiterio durante una boda de tamaña importancia. —En ese momento vio a Philemon junto a la puerta del transepto meridional que le hacía un gesto con la mano para que se acercara—. Discúlpame. —¡Voy escaso de hombres! —protestó Elfric cuando ya se iba. —No deberías despedirlos con tanta ligereza —contestó Godwyn, volviendo la cabeza.
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Un Mundo sin Fin (Los Pilares de la Tierra II) Capítulos 20 y 21
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59:44 min | hace 6 meses
Godwyn movió ficha contra Carlus el Ciego el domingo anterior a la festividad de San Adolfo. Todos los años por esas fechas se celebraba una misa especial en la catedral de Kingsbridge. El prior, seguido en procesión por los monjes, paseaba los huesos del santo por la iglesia mientras oraban pidiendo a Dios que trajera buen tiempo para las cosechas. Como siempre, uno de los deberes de Godwyn consistía en acondicionar la iglesia para la misa asistido por novicios y subalternos, como Philemon, que le ayudaban a sustituir velas, comprobar que hubiera incienso y disponer el mobiliario. La festividad de San Adolfo requería un segundo altar, una tabla profusamente tallada, subido a una plataforma que pudiese desplazarse por la iglesia según fuese necesario. Godwyn ubicó el altar en el muro oriental del crucero y colocó encima un par de velas plateadas mientras meditaba, angustiado, sobre su futuro.
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