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El rescate, el mayor regalo de Dios. Capitulo 05

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Publicado en el Podcast Control Mental - Ley de La Atracción, en Fe, filosofía y espiritualidad
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06/04/2012

¿Qué es el rescate?
¿Cómo lo proporcionó Dios?
¿Cómo puede beneficiarle a usted?
¿Cómo puede demostrar que lo agradece?
¿CUÁL... es el mejor regalo que usted ha recibido? Un regalo no tiene que ser caro para ser valioso. Al fin y al cabo, su verdadera importancia no siempre depende de cuánto haya costado. Más bien, es valioso para usted si lo hace feliz o si llena una verdadera necesidad en su vida.

2 De los muchos obsequios que pudieran hacerle, hay uno que supera a todos los demás. Es un regalo de Dios para la humanidad. Es cierto que Jehová nos ha dado muchas cosas, pero la más importante es el rescate: el sacrificio de su Hijo, Jesucristo (Mateo 20:28). Como veremos en este capítulo, el rescate es el regalo más valioso que hemos recibido, pues nos da la oportunidad de ser inmensamente felices y de obtener lo que de verdad necesitamos. En realidad, es la mayor prueba del amor que Jehová nos tiene a cada uno de nosotros.

¿QUÉ ES EL RESCATE?

3 En pocas palabras, el rescate es el medio que Jehová emplea para liberar, o salvar, del pecado y la muerte a la humanidad (Efesios 1:7). La clave para entender esta enseñanza bíblica está en lo que sucedió en el jardín de Edén. Solo si comprendemos qué fue lo que Adán perdió al pecar, nos haremos una idea del gran valor que tiene para nosotros el rescate.

4 Cuando Jehová creó a Adán, le dio algo valiosísimo: la vida humana perfecta. Piense en lo que eso significaba para él. Con un cuerpo y una mente perfectos, nunca se enfermaría, envejecería ni moriría. Además, disfrutaba de una relación especial con Jehová. La Biblia dice que Adán era “hijo de Dios” (Lucas 3:38). Por lo tanto, entre Dios y Adán existía una relación muy estrecha, como la que existe entre un padre cariñoso y su hijo. En efecto, el Creador se comunicaba con su hijo terrestre, le encargaba tareas que lo harían feliz y le explicaba qué esperaba de él (Génesis 1:28-30; 2:16, 17).

5 Adán fue hecho “a la imagen de Dios” (Génesis 1:27). Esto no quiere decir que tuviera la misma apariencia que Dios. Como aprendimos en el capítulo 1 de este libro, Jehová es un espíritu invisible (Juan 4:24). De modo que él no tiene un cuerpo de carne y hueso. Por lo tanto, Adán estaba hecho a la imagen de Dios en otro sentido, en el sentido de que había sido creado con cualidades como las que tiene Dios: amor, sabiduría, justicia y poder, entre otras. Además, era como su Padre en otro importante aspecto: tenía libre albedrío, es decir, podía tomar sus propias decisiones. Así que no era ninguna máquina, que solo puede hacer aquello para lo que ha sido fabricada o programada. Al contrario, podía decidir por sí mismo y escoger entre el bien y el mal. Si hubiera elegido obedecer a Dios, habría vivido para siempre en el Paraíso terrestre.

6 Está claro que Adán pagó muy cara la desobediencia a Dios, pues fue condenado a muerte. Aquel pecado le costó la vida humana perfecta con todos sus beneficios (Génesis 3:17-19). Por desgracia, Adán no solo la perdió para él, sino también para sus futuros descendientes. La Palabra de Dios dice: “Por medio de un solo hombre [es decir, Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado” (Romanos 5:12). En efecto, todos nosotros hemos heredado de Adán el pecado. Por eso, la Biblia explica que Adán nos ha “vendido” junto con él, haciéndonos esclavos del pecado y la muerte (Romanos 7:14). Para Adán y Eva no existía ninguna esperanza, pues ellos habían desobedecido a Dios por voluntad propia. Sin embargo, ¿qué sucedería con sus descendientes, entre ellos nosotros?

7 Jehová decidió salvar a la humanidad mediante el rescate. ¿En qué consiste un rescate? Básicamente, en dos cosas. En primer lugar, es el precio que se paga para recuperar una cosa o liberar a una persona, como un rehén, por ejemplo. En segundo lugar, en la Biblia, un rescate es el precio que cubre, o paga, el costo de algo, como los daños sufridos por una persona. Por ejemplo, si alguien provocaba un accidente, tenía que pagar la cantidad justa que correspondía al valor de los daños producidos.

8 Tal como hemos visto, Adán nos causó a todos nosotros una enorme pérdida. ¿Cómo sería posible cubrir el costo de tal pérdida y liberarnos de la esclavitud del pecado y la muerte? Veamos el rescate que proporcionó Jehová y de qué manera puede beneficiarle a usted.

¿CÓMO PROPORCIONÓ JEHOVÁ EL RESCATE?

9 Lo que se perdió fue una vida humana perfecta. Por eso, para recuperarla no bastaba con ofrecer la vida de ningún ser humano imperfecto (Salmo 49:7, 8). Se necesitaba un rescate que tuviera un valor equivalente a lo que se había perdido. Así lo señalaba el principio de justicia perfecta que se expone en la Palabra de Dios. De acuerdo con ese principio, había que entregar “alma [...] por alma” (Deuteronomio 19:21). Por lo tanto, ¿qué podría cubrir o pagar el valor del alma, o vida, humana perfecta que Adán perdió? El “rescate correspondiente” que se necesitaba era otra vida humana perfecta (1 Timoteo 2:6).
10 ¿Cómo proporcionó Jehová el rescate? Envió a la Tierra a un ser perfecto, uno de sus hijos espirituales. Pero no envió a cualquiera de ellos, sino al que más amaba: su Hijo unigénito (1 Juan 4:9, 10). Este dejó de buena gana su hogar celestial (Filipenses 2:7). Como vimos en el capítulo anterior, Jehová realizó un milagro al hacer que la vida de su Hijo pasara a la matriz de María. Gracias al espíritu santo de Dios, Jesús nació como ser humano perfecto, libre de la condena del pecado (Lucas 1:35).

11 ¿Cómo es posible que un solo hombre fuera el rescate de muchos, sí, de millones de seres humanos? Pues bien, ¿cómo llegaron todos ellos a ser pecadores? Recuerde que Adán pecó y de este modo perdió una posesión muy valiosa: la vida humana perfecta, una posesión que ya no pudo pasar a sus descendientes. Lo único que pudo transmitirles fue el pecado y la muerte. Jesús, a quien la Biblia llama “el último Adán”, tenía una vida humana perfecta y nunca pecó (1 Corintios 15:45). En cierto modo, Jesús tomó el lugar de Adán para salvarnos. Obedeció a la perfección a su Padre y sacrificó, o entregó, su vida perfecta. Así pagó el precio necesario para cubrir el pecado de Adán y nos dio una esperanza a sus descendientes (Romanos 5:19; 1 Corintios 15:21, 22).

12 La Biblia relata en detalle los sufrimientos que soportó Jesús antes de morir. Con gran crueldad, lo azotaron y lo clavaron en un madero de tormento, condenándolo a una muerte horrible (Juan 19:1, 16-18, 30; consulte el apéndice). ¿Por qué tuvo que sufrir tanto? Como veremos en otro capítulo, Satanás ha puesto en duda que haya un solo ser humano que permanezca fiel a Jehová si se le somete a prueba. Al aguantar fielmente a pesar de aquel terrible sufrimiento, Jesús dio la mejor respuesta posible al desafío de Satanás. Demostró que un hombre perfecto, que tenga libre albedrío, puede ser totalmente fiel a Jehová, sin importar las dificultades que le cause el Diablo. ¡Cuánto tuvo que alegrarse Dios al ver la lealtad de su amado Hijo! (Proverbios 27:11.)

13 ¿Cómo se pagó el rescate? El día 14 del mes judío de nisán del año 33 de nuestra era, Dios permitió que ejecutaran a su Hijo, que era perfecto y, por lo tanto, no tenía pecado. De esta forma, Jesús sacrificó “una vez para siempre” su vida humana perfecta (Hebreos 10:10). Al tercer día de su muerte, Jehová lo resucitó como criatura espiritual. En los cielos, Jesús presentó a su Padre el valor de su vida humana perfecta, la cual había ofrecido en sacrificio para rescatar a los descendientes de Adán (Hebreos 9:24). Jehová aceptó el valor del sacrificio de Jesús, y así aquel sacrificio sirvió como el rescate necesario para liberar a la humanidad de la esclavitud del pecado y la muerte (Romanos 3:23, 24).

¿CÓMO PUEDE BENEFICIARLE A USTED EL RESCATE?

14 Gracias al rescate podemos disfrutar de maravillosas bendiciones a pesar de ser pecadores. Veamos algunos beneficios presentes y futuros del mayor regalo que Dios nos ha hecho.

15El perdón de los pecados. Como hemos heredado la imperfección, para nosotros es una verdadera lucha hacer el bien. Todos pecamos, sea con nuestras palabras o con nuestras obras. Pues bien, gracias al sacrificio de Jesús podemos obtener “el perdón de nuestros pecados” (Colosenses 1:13, 14). Sin embargo, para ello debemos arrepentirnos de corazón. También tenemos que pedirle humildemente a Jehová que nos perdone tomando como base nuestra fe en el sacrificio de su Hijo (1 Juan 1:8, 9).

16Una conciencia limpia ante Dios. La conciencia culpable nos deja sin esperanza y con el sentimiento de que no valemos nada. Pero gracias al rescate, Jehová nos perdona y tiene la bondad de permitir que, aun siendo imperfectos, lo adoremos con la conciencia limpia (Hebreos 9:13, 14). De este modo, tenemos confianza para hablar con él, o sea, para orarle con toda libertad (Hebreos 4:14-16). Además, al mantener la conciencia limpia, disfrutamos de tranquilidad mental, nos sentimos bien con nosotros mismos y somos más felices.

17La esperanza de vivir eternamente en un paraíso terrestre. “El salario que el pecado paga es muerte”, dice Romanos 6:23. Ahora bien, ese mismo versículo añade: “Pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor”. En el capítulo 3 de este libro vimos las bendiciones del Paraíso terrestre que se aproxima (Revelación [Apocalipsis] 21:3, 4). Todas esas bendiciones, incluida la de vivir para siempre con salud perfecta, serán posibles porque Jesús murió por nosotros. Para recibirlas, debemos demostrar que agradecemos el regalo del rescate.

¿CÓMO PUEDE USTED MOSTRAR SU AGRADECIMIENTO?

18 ¿Por qué debemos estar profundamente agradecidos a Jehová por el rescate? Pues bien, un regalo es más valioso cuando la persona que lo hace ha tenido que sacrificar tiempo, energías o dinero para dárnoslo. Además, nos conmueve porque es una prueba del amor sincero que nos tiene. Por lo tanto, el rescate es el regalo más valioso de todos, ya que Dios hizo el mayor de los sacrificios. “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito”, dice Juan 3:16. El rescate es la prueba más sobresaliente del amor que Jehová nos tiene. También es prueba de cuánto nos ama Jesús, quien estuvo muy dispuesto a entregar la vida por nosotros (Juan 15:13). En efecto, el regalo del rescate debe convencernos de que Jehová y su Hijo nos quieren a cada uno de nosotros (Gálatas 2:20).

19 Entonces, ¿de qué maneras demostrará usted que agradece el regalo divino del rescate? Para empezar, conozca mejor a Aquel que lo dio, Jehová (Juan 17:3). Puede lograrlo si estudia la Biblia con la ayuda de esta publicación. Cuanto más conozca a Jehová, más lo amará. Y cuanto más lo ame, más deseará complacerlo (1 Juan 5:3).
20 Tenga fe en el rescate. Jesús mismo dijo: “El que ejerce fe en el Hijo tiene vida eterna” (Juan 3:36). ¿Cómo podemos ejercer, o demostrar, fe en Jesús? No solo con palabras. Como indica Santiago 2:26, “la fe sin obras está muerta”. En efecto, la fe verdadera se demuestra con obras. Una manera de probar que tenemos fe en Jesús es haciendo lo posible por imitarlo, tanto en lo que decimos como en lo que hacemos (Juan 13:15).

21Asista a la celebración anual de la Cena del Señor. La noche del 14 de nisán del año 33, Jesús estableció una celebración especial que la Biblia llama “la cena del Señor” (1 Corintios 11:20; Mateo 26:26-28). También se la conoce como la Conmemoración de la muerte de Cristo. La estableció Jesús para ayudar a sus apóstoles y a todos los cristianos verdaderos a recordar algo importante: al morir, él entregó como rescate su alma, es decir, su vida humana perfecta. Jesús mismo se refirió a esta celebración cuando dio este mandato: “Sigan haciendo esto en memoria de mí” (Lucas 22:19). La Conmemoración nos recuerda el gran amor que Jehová y Jesús nos han mostrado haciendo posible el rescate. Al asistir a esta celebración anual, también demostramos nuestro agradecimiento por el rescate.*

22 El rescate es un regalo de incalculable valor que nos hace Jehová (2 Corintios 9:14, 15). De hecho, puede beneficiar incluso a las personas que han muerto, como veremos en los capítulos 6 y 7.
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