Wendy Torrance estaba de pie, indecisa, en mitad del dormitorio,mirando a su hijo q...ue se había quedado dormido.Hacía media hora que los ruidos habían cesado, todos juntos, al mismo tiempo. El ascensor, la fiesta, el ruido de las puertas de las habitaciones al abrirse y cerrarse. En vez de calmarla, eso hacía que la tensión mental de Wendy se intensificara; era como un susurro maléfico antes del último estallido brutal de la tormenta. Pero Danny se había dormido casi de inmediato, cayendo primero en un sueño superficial e inquieto, que en los diez últimos minutos se había hecho más profundo. Incluso si lo miraba directamente, Wendy apenas si veía en su pecho el lento movimiento de la respiración.Se preguntó cuánto tiempo haría que el niño no dormía una noche entera, una noche sin sueños que lo atormentaran, sin largos períodos
desvelado, a oscuras, escuchando algazaras que para ella sólo se habían vuelto audibles —y visibles— en los dos o tres últimos días, a medida que se intensificaba la influencia del «Overlook» sobre ellos tres.