Principios de GarcÃn:
De las flores, las lindas campánulas.
Entre las piedras preciosas, el zafiro. De las inmensidades, el cielo y el amor: es decir, las pupilas de Nini.
Y repetÃa el poeta: Creo que siempre es preferible la neurosis a la estupidez.
Desde entonces GarcÃn cambió de carácter. Se volvió charlador, se dio un baño de alegrÃa, compró una levita nueva, y comenzó un poema en tercetos titulado: El pájaro azul.
Cada noche se leÃa en nuestra tertulia algo nuevo de la obra. Aquello era excelente, sublime, disparatado.
Allà habÃa un cielo muy hermoso, una campiña muy fresca, paÃses brotados como por la magia del pincel de Corot, rostros de niños asomados entre flores; los ojos de Nini húmedos y grandes; y por añadidura, el buen Dios que envÃa volando, volando, sobre todo aquello, un pájaro azul que sin saber cómo ni cuándo anida dentro del cerebro del poeta, en donde queda aprisionado. Cuando el pájaro canta, se hacen versos alegres y rosados. Cuando el pájaro quiere volar abre las alas y se da contra las paredes del cráneo, se alzan los ojos al cielo, se arruga la frente y se bebe ajenjo con poca agua, fumando además, por remate, un cigarrillo de papel.
He aquà el poema.
Una noche llegó GarcÃn riendo mucho y, sin embargo, muy triste.