â–º Salvador Freixido;Defendamonos de los Dioses.02 Los Dioses Existen.

Publicado en el Podcast Misterios el 24/03/2011, en Misterio y otras realidades

En vez de ser portavoces de ideas desquiciadas, estamos propugnando una profunda y nueva teología: la teologÃ... ­a de los dioses (con minúscula).

La teología del "Dios verdadero y único" es falsa; la teología de los dioses falsos es la verdadera".

Yahvé
"...le retiramos nuestra fe como Dios Universal y Único al dios del pentateuco, al que reducimos su categoría convirtiéndolo en uno más de los muchos dioses menores que a lo largo de la historia han estado utilizando a los hombres".

"...el dios cristiano de que se habla en el Pentateuco, también existió, pero no es el padre bueno que él quiso hacernos creer, y mucho menos es el Dios Universal, Creador de todo el Cosmos. Es simplemente un suplantador más, que al igual que muchos otros semejantes a él, pretendió hacerse pasar por la Gran Energía Inteligente creadora de todo el Universo".

"En esta lucha que los ángeles tuvieron entre sí y que la teología nos dice que culminó con la derrota de Luzbel, el gran triunfador resultó ser Yahvé, que a lo que parece, era el supremo jefe de esta facción de ángeles que en aquel momento estaban manifestándose en nuestro planeta. Naturalmente siendo nuestra teología de acuerdo con las enseñanzas de Yahvé en el Monte Sinaí (y en posteriores manifestaciones a lo largo de los siglos a diversos profetas y videntes), Luzbel tiene que aparecer como el malo y Yahvé como el bueno. Pero usando nuestra cabeza, tal como hacemos para juzgar los hechos de la historia, en donde vemos que los vencedores describen todos los hechos en su favor y presentan a los vencidos como malos y perversos, podemos llegar a la conclusión de que no hay mucha diferencia entre estos dos personajes. Y si Luzbel se comporta como se comportan los hombres (y muy probablemente se comporta de una manera parecida), es muy lógico que trate de tomar venganza de su vencedor y la mejor manera de hacerlo es tratando de restarle súbditos y de deshacer toda la obra que aquél haya pretendido hacer entre los hombres".
N. de Clomro: "la serpiente" -símbolo de la sabiduría- por inducir a Adán y Eva -la humanidad- a lograr el "conocimiento del Bien y del Mal" -"árbol" prohibido y ocultado por Yahvé- ¿era diabólica por querer deshacer la obra de un dios que no le permitía a los hombres tener acceso a la información que les proporcionara sabiduría?.

Sigue Freixedo:
"A los que nos digan que Dios tiene el derecho de manifestarse como quiera y a los que nos presenten la teofanía del judeo-cristianismo como algo único, les diremos que si bien es cierto que Dios tiene el derecho de presentarse como quiera, no es lógico que lo haga con todas las extrañísimas circunstancias con que lo hizo en el caso del pueblo hebreo y por otro lado no estaremos de acuerdo de ninguna manera, en que el caso judeo-cristiano sea un caso único.

Muy por el contrario, nos encontramos con que la manera de manifestarse Yahvé al pueblo hebreo, no difiere fundamentalmente en nada, de la manera que otros dioses usaron para manifestarse a sus "pueblos escogidos"; porque como ya dijimos, estos seres suprahumanos gustan de "escoger" un pueblo en el que centran sus intervenciones con la raza humana, y en el que influyen positiva y negativamente, a veces de una manera muy activa y directa.

En este particular el judeo-cristianismo no tiene originalidad alguna tal como enseguida veremos. Lo que sucede es que los cristianos, al igual que los fieles creyentes de otras religiones, concentrados en el estudio y en el cumplimiento de sus dogmas y ritos, y aislados por sus líderes religiosos de las creencias y ritos de otros pueblos, han ignorado y continúan ignorando hechos históricos que por sí solos son capaces de sembrar grandes dudas sobre la originalidad y la validez de las propias creencias religiosas.

Sobre "pueblos elegidos"
"La experiencia de haber sido "adoptados" por un "dios", es casi común a todos los pueblos de la antigüedad, con la circunstancia de que esta adopción conllevaba ciertas condiciones que eran también comunes a todos los pueblos: la exigencia de sacrificios sangrientos de una u otra clase, a cambio de una protección (que resultaba ser tan mentirosa y, a la larga, tan poco eficaz como la que Yahvé dispensó al pueblo hebreo). De hecho leemos en una nota de la biblia de Jerusalem:
"En el lenguaje del antiguo Oriente, se reconocía a cada pueblo la ayuda eficaz de su dios particular".
"...muchos pueblos, separados por miles de años y por miles de kilómetros, han tenido creencias y practicado ritos muy semejantes; ritos y creencias que analizados a fondo, se dirían procedentes de un tronco común. Con la peculiaridad de que muchos de estos ritos y creencias son bastante antinaturales e ilógicos, pudiendo uno llegar a la conclusión de que no brotaron espontáneamente de la mente de los humanos como una ofrenda a sus "dioses protectores", sino que les fueron impuestos a los terrícolas por alguien que, a lo largo de los siglos, ha conservado los mismos gustos retorcidos, contradictorios y en muchos casos crueles".

"Volviendo al caso histórico del pueblo hebreo, y dejando de lado a los otros dioses de los pueblos de Mesopotamia, tan desconcertantemente parecidos a Yahvé y contra los que éste tenía tan tremendos celos (Baal, Moloc, Nabú, Aserá, Bel, Milkom, Oanes, Kemos, Dagón, etc.) vamos a fijarnos en una experiencia específica y extraña exigida por Yahvé al pueblo hebreo y vamos a encontrarnos con otro pueblo (separado del pueblo hebreo por unos 10.000 kilómetros en el espacio y por unos 3.000 años en el tiempo) al que su "dios protector" le hizo pasar por la misma extraña experiencia.

Me refiero al hecho de andar errantes por muchos años antes de llegar a la "tierra prometida "y bajo el mandato específico y la dirección exacta de Yahvé".

Paralelismos entre Yahvé y el dios azteca Huitzilopochtli
"Pues bien, esta extraña aventura -que tiene que haber resultado penosísima para el pueblo judío- la vemos repetida con unos paralelos asombrosos e incomprensibles en el pueblo azteca. Según las tradiciones de este pueblo, hace aproximadamente unos 800 años que su dios Huitzilopochtli se les apareció y les dijo que tenían que abandonar la región en que habitaban y comenzar a desplazarse hacia el sur "hasta que encontrasen un lugar en el que verían un águila devorando a una serpiente".

En este lugar se asentarían y él los convertiría en un gran pueblo. La región en que por aquel entonces habitaban los aztecas estaba en lo que hoy es terreno norteamericano -probablemente entre los estados de Arizona y Utah- y por lo tanto su peregrinar hasta Tenochtitlán fue notablemente más extenso que el que a los hijos de Abraham les exigió su "protector" Yahvé. La caminata de los "Hijos de la Grulla"(como tradicionalmente se llamaba a los aztecas) fue de no menos de tres mil kilómetros y no precisamente por grandes carreteras, sino teniendo que atravesar vastos desiertos y zonas abruptas y de una densa vegetación, que ciertamente tuvieron que poner a prueba su fe en la palabra de su dios Huitzilopochtli.
-La personalidad de Yahvé era muy parecida a la de Huitzilopochtli. Ambos querían ser considerados como protectores y hasta como padres, pero eran tremendamente exigentes, implacables en sus frecuentes castigos y muy prontos a la ira.

-Ambos acompañaron "personalmente" a sus protegidos a lo largo de toda la peregrinación ayudándolos directamente a superar las muchas dificultades con que se iban encontrando en su camino.

-Yahvé los acompañaba en forma de una extraña columna de fuego y humo que lo mismo los alumbraba por la noche que les daba sombra por el día, y les señalaba el camino por donde tenían que ir, haciendo además muchos otros menesteres tan extraños y útiles como apartar las aguas del mar para que pudiesen pasar de una orilla a otra, etc. Huitzilopochtli acompañó a los aztecas en forma de un pájaro, que según la tradición era una gran águila blanca que les iba mostrando la dirección en que tenían que avanzar en su larguísima peregrinación.

-Este peregrinar en ninguno de los casos fue de días o semanas. En el caso judío, Yahvé, extrañísimamente, se dio gusto haciéndolos dar rodeos por el inhóspito desierto del Sinaí durante 40 años (cuando podían haber hecho el camino en tres meses). Huitzilopochtli fue todavía más errático y desconsiderado en su liderazgo, pues tuvo a sus protegidos vagando dos siglos aproximadamente, hasta que por fin los estableció en el lugar de la actual ciudad de México.

-Ambos pueblos fueron adoctrinados en un rito tan raro como es la circuncisión.

-Tanto Yahvé como Huitzilopochtli les exigían a sus pueblos sacrificios de sangre. Entre los hebreos esta sangre era de animales, pero entre los aztecas la sangre era frecuentemente humana (...). Yahvé, a primera vista, no llegaba a tanta barbarie, pero parece que a veces acariciaba la idea. Recordemos, si no, el abusivo sacrificio que le exigió a Abraham de su hijo Isaac (y que sólo a última hora impidió) (...).

(Y conste que no decimos nada -para no extendernos- de los auténticos ríos de sangre que el propio Yahvé causó con las continuas batallas a las que forzó durante tantos años a su pueblo. Ríos de sangre que a veces provenían exclusivamente de su pueblo escogido cuando "se encendía su ira contra ellos" cosa que sucedía con bastante frecuencia).

-Tanto Yahvé como Huitzilopochtli abandonaron de una manera inexplicable a sus respectivos pueblos cuando éstos más los necesitaban. Yahvé -que estaba bastante escondido desde hacía varios siglos- desapareció definitivamente a la llegada de los romanos a Palestina, y Huitzilopochtli hizo lo mismo cuando llegaron los españoles...

-Por supuesto, como no podía ser menos, ambos pueblos fueron instruidos detalladamente acerca de cómo habían de construir un gran templo en el lugar en donde definitivamente se instalasen.

-Por si todos estos paralelos no fuesen suficientes, nos encontramos todavía con otro, que le confieso al lector que a mí me produjo una profunda impresión cuando lo encontré ingenuamente relatado por fray Diego Durán, uno de los muchos frailes franciscanos que escribieron las crónicas de los primeros tiempos del descubrimiento de las Américas, basados en lo que los propios indios les contaban.

El buen fraile, en su relato de las creencias de los antepasados de los aztecas, nos cuenta (por supuesto, con una cierta lástima ante el paganismo "demoníaco" en que se hallaban sumidos aquellos pueblos) que cuando el pueblo entero avanzaba hacia el sur, siguiendo siempre a la gran águila blanca que los dirigía desde el cielo, lo primero que hacían al llegar a un lugar, era construir un pequeño templo para depositar en él el arca que transportaban y mediante el cual se comunicaban con su dios.

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Comentarios (1)

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Tiene mucho de verdad, aunque por costumbre, por aceptar verdades tragadas sin pensarlas, por inercia, etc. muchos nos resistimos a aceptarlas.

09/03/2012 a las 03:43

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Subido por joxema

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