“Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delant...
e de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir. Y les decía: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto, rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies. Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino. En cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa. Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá a vosotros. Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa. En cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante; y sanad a los enfermos que en ella haya, y decidles: Se ha acercado a vosotros el reino de Dios. Mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, saliendo por sus calles, decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros. Pero esto sabed, que el reino de Dios se ha acercado a vosotros. Y os digo que en aquel día será más tolerable el castigo para Sodoma, que para aquella ciudad” (Lucas 10: 1-12)
(Lucas 10: 1) “…designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”:
Jesús, comisionó a Sus Setenta, enviándolos “a toda ciudad y lugar adonde él había de ir”. Antes de ir Él, envió a los Setenta, y siempre en el contexto de Israel, es decir, al pueblo judío, por lo tanto, no fueron a ciudades como Tiro, Sidón, Sarepta (Fenicia), etc., que aunque cercanas geográficamente, eran ciudades gentiles.
No fueron al pueblo gentil, sino a los israelitas, “de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén” (Romanos 9: 4, 5)
Fueron anticipándose al Señor, por mandato de Él, a buscar las ovejas perdidas de Israel, porque ese fue el ministerio de Jesús cuando anduvo en Israel:
“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mt. 15: 24)
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