El hogar de Caris era una lujosa casa de madera con suelos y una chimenea de piedra. Había tres estancias en ...
la planta baja: la cámara principal, con una mesa de comedor de grandes dimensiones, la pequeña sala donde su padre discutía asuntos de negocios en privado y la cocina, en la parte de atrás. Cuando Caris y Gwenda entraron, la casa estaba inundada por el delicioso aroma del
jamón cocido.Caris guió a Gwenda a través de la cámara y subieron la escalera hacia el piso
de arriba.—¿Dónde están los cachorros? —preguntó Gwenda.
—Primero quiero ver a mi madre —contestó Caris—. Está enferma.
Entraron en la alcoba de la parte delantera, donde su madre descansaba en la cama de madera tallada. Era una mujer pequeña y frágil, más o menos de la misma altura que Caris; ese día parecía más pálida de lo habitual.
Todavía no se había arreglado el pelo, que se le pegaba al rostro en mechones húmedos.
—¿Cómo estás? —le preguntó.
—Hoy me siento un poco débil.
El esfuerzo de hablar la dejó sin aliento. Caris sintió la ya habitual y punzante mezcla de angustia e impotencia. Su madre llevaba un año enferma.
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