Una sensación de desesperación absoluta se apoderó de Gwenda. Todos sus esfuerzos no le habían servido de ...
nada: seducir a Alwyn, asesinarlo, correr durante horas y horas... Había vuelto al punto de partida, había vuelto a caer en
las garras de Sim. Justo entonces, el puente empezó a tambalearse.
Merthin vio cómo se combaba el puente. Por encima del pilar central, en la parte
izquierda, la totalidad del entramado del tablero sufrió una sacudida como si fuera el
espinazo roto de un caballo. El gentío que seguía a Nell, martirizándola, vio cómo el suelo cedía de pronto bajo sus pies y todos empezaron a tambalearse, agarrándose a sus vecinos para no perder el equilibrio. Uno de ellos cayó de espaldas al
río por encima del pretil del puente y luego lo siguió otro, y otro. Los insultos y los abucheos dirigidos a Nell no tardaron en quedar silenciados por los gritos de advertencia y los alaridos de terror.
—¡No, no! —exclamó.
—¿Qué está pasando? —gritó Caris.
Quiso contestarle que toda aquella gente, las personas junto a las que habían
crecido, mujeres que siempre habían sido amables con ellos, hombres a los que odiaban, niños que los admiraban, madres e hijos, tíos y sobrinas, señores crueles,enemigos acérrimos y amantes fogosos... todos iban a morir. Sin embargo, no
consiguió articular ni una sola palabra.
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