¡Disfruta de 1 año de Premium al 50%! ¡Lo quiero!
"Cómo piensa el mundo" de Julian Baggini - Debate 3 de 4 - 28 Octubre 2023

"Cómo piensa el mundo" de Julian Baggini - Debate 3 de 4 - 28 Octubre 2023

Audio not available. Try it later.
  • Download
  • Share
  • Like
  • More
Preparing audio download

Preparing audio to download.

Sponsored listening. Audio will begin within seconds...

Escucha sin anuncios y sin esperas con iVoox Premium

Try it for free

X

"Cómo piensa el mundo" de Julian Baggini - Debate 3 de 4 - 28 Octubre 2023 description

filosofía filosofía china filosofía africana filosofia india juan baggini

Lee el episodio

Este contenido se genera a partir de la locución del audio por lo que puede contener errores.

Comments

Imágen de usuario
Imágen de usuario

Jajajajajaj. Me rindo. Este editor no reconoce los puntos y aparte.

Imágen de usuario
Imágen de usuario

Uff! Perdón, Jorge. Me ha quedado el comentario muy farragoso, sin puntos y aparte... Voy a intentar repetirlo ya que no puedo editarlo al no estar registrado. A la pregunta de Magda (min. 9) sobre si en occidente somos dados a apreciar lo efímero del presente quizá haya una respuesta, en parte, lingüística. No sé si tenemos una palabra para ello. Y no sé si no la tenemos porque no le hemos encontrado sentido o utilidad al hecho de buscarla. ¿Quizá no la necesitamos? En otro punto del debate, creo recordar, Magda venía a decir que para los occidentales las cosas existen porque les ponemos nombres, y menciona el esfuerzo enciclopedísta de Diderot y D’Alembert. Esa relación entre nombre y existencia me ha recordado un libro llamado “Nagori: La nostalgia por la estación que termina” de Ryoko Sekiguchi, que me ha servido para ensayar una respuesta a la pregunta de Magda. No es que los occidentales no podamos captar en toda su dimensión ese carácter efímero, es que no valoramos el hacerlo como para hacer de ello uno de nuestros modos de vivir. El concepto japonés “Nagori” podría asimilarse, de manera simplista, a nuestra “nostalgia”. Pero como occidentales, más allá de una experiencia individual y sensitiva, la sensación de añorar anticipadamente algo que, sabemos, se irá no nos resulta “productiva”. Si acaso nos "sirve" de proyección colectiva de una sensación interior: como fuente de expresión artística (la magdalena de Proust, las golondrinas de Becquer, la “cama sin hacer” de Delacroix, el “Wish you were here” de Pink Floyd…). Pero más allá de entonar canciones "patrióticas" de añoranza, no llegamos a convertirlo en una experiencia vital que, compartida colectivamente y por su percepción positiva, deviene en actitud. El vacío que deja algo que hubo, estuvo, tuvimos o fuimos… ese “algo” que “se muere en el alma cuando un amigo se va”, no parece tan digno de atención y atesoramiento en los occidentales debido, pienso, a su falta de “utilidad”. Enlazando con el comentario posterior de Pepa sobre las religiones occidentales: para católicos y protestantes, hoy capitalistas todos, lo que nos mueve es, bien la esperanza en un futuro de bienestar diferido (el cielo, la jubilación, el finde o las vacaciones) o bien el rendimiento, la rentabilidad o la empleabilidad. Y al movernos (hacia delante en el tiempo) nos aleja de un culto y una reverencia a lo no presente, lo antepasado. No miramos hacia atrás. No vemos la huella que marca el sitio que ahora ocupa la ausencia. Puede que también tenga algo que ver con ello esta proyección hacia el futuro tan occidental; centrarnos en objetivos y valores extrínsecos que sitúan la recompensa como algo diferido y condicionado a factores externos. La tradición oriental puede que esté más centrada en los propósitos (ikigai) en los valores intrínsecos y en la sincronía entre labor y la mera recompensa de laborar. No sé si –como explica Enzo– es solo la negación o el miedo al vacío, el “horror vacui”, o quizá –y más en estos tiempos– el desprecio a lo “no lleno” o “llenable”, aquello que no nos permite “ver” el potencial que existe en el enorme espacio inmaterial, de nada, que hay entre las cosas y de lo que, paradójicamente, surge todo. Gracias! (Paco Julio)

Imágen de usuario
Imágen de usuario

A la pregunta de Magda (min. 9) sobre si en occidente somos dados a apreciar lo efímero del presente quizá haya una respuesta, en parte, lingüística. No sé si tenemos una palabra para ello. Y no sé si no la tenemos porque no le hemos encontrado sentido o utilidad al hecho de buscarla. ¿Quizá no la necesitamos? En otro punto del debate, creo recordar, Magda venía a decir que para los occidentales las cosas existen porque les ponemos nombres, y menciona el esfuerzo enciclopedístico de Diderot&D’Alembert. Ello me ha recordado un libro llamado “Nagori: La nostalgia por la estación que termina” de Ryoko Sekiguchi, que me ha servido para ensayar una respuesta a la pregunta de Magda. No es que los occidentales no podamos captar en toda su dimensión ese carácter efímero, es que no valoramos el hacerlo hasta hacer de ello uno de nuestros modos de vivir. El concepto “Nagori” podría asimilarse, de manera simplista, a nuestra “nostalgia”. Pero como occidentales, más allá de una experiencia individual y sensitiva, la sensación de añorar anticipadamente algo que sabemos se irá no nos resulta “productiva”; si acaso como fuente de expresión artística (la magdalena de Proust, las golondrinas de Becquer, la “cama sin hacer” de Delacroix, el “Wish you were here” de Pink Floyd…), pero no como una experiencia vital compartida colectivamente que, por su percepción positiva, deviene en actitud. El vacío que deja algo que hubo, estuvo, tuvimos o fuimos, ese “algo” que “se muere en el alma cuando un amigo se va” no parece tan digno de atención y atesoramiento en los occidentales por su falta de “utilidad”. Enlazando con el comentario posterior de Pepa sobre las religiones occidentales: para católicos y protestantes, hoy capitalistas todos, es bien la esperanza en un futuro de bienestar diferido (el cielo, la jubilación, el finde o las vacaciones) o bien el rendimiento, la rentabilidad o la empleabilidad lo que nos mueve y (al movernos hacia delante nos aleja de un culto y una reverencia a lo no presentes lo antepasado a la huella que marca el sitio de la ausencia. Puede que también tenga algo que ver con ello esta proyección hacia el futuro tan occidental; centrarnos en objetivos y valores extrínsecos que sitúan la recompensa como algo diferido y condicionado a factores externos. La tradición oriental puede que esté más centrada en los propósitos (ikigai) en los valores intrínsecos y en la sincronía entre labor y recompensa. No sé si, como dice Enzo, es tanto la negación o el miedo al vacío, el “horror vacui”, como –y más en estos tiempos– el desprecio a lo “no lleno” o “llenable”, lo que no nos permite “ver” el potencial que existe en el enorme espacio inmaterial, de nada, que hay entre las cosas y de lo que surge todo. Gracias! (Paco Julio)

Imágen de usuario