
04-08-2026 ¿Quién maneja mi barca, quién? - 10 Minutos con Jesús

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** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.
Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
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Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Bueno, ¿cómo estás al lado? Estás más salaico ya porque estás ahí en la playa o estás todavía trabajando. Bueno, es que depende de donde nos oigas. Tenía pendiente explicaros cuando he estado en mi queridísima Guatemala. Después de varios años ya entendí que resulta que salao no tiene nada que ver con lo que entendemos aquí en España, con lo que entendemos por allí, por Centroamérica, Norteamérica o Sudamérica. La idea es... Que salado aquí en España es, pues eso, rumboso, alegre, simpático, apañado, depende de cada uno en su sitio, es una cosa positiva, simpática. Y resulta, resulta que por allí, por lo menos me lo explicaron, en Guatemala, salado es que tiene un mal día, mala suerte, que se te ha salado la cosa, como cuando se te sala, como cuando un gran amigo mío me hizo un pastelico de manzana de esto ya nomás, crumble, crumble, crumble, y en vez de azúcar le puso sal.
Aquello era incomestible. Pues eso, cuando se sale. Pero sin embargo, salado aquí es eso, pues como... Sabroso, sabroso. Bueno, total, hecha esta aclaración que dije que tenía que hacerla. Es decir, que cuando me escucháis, allende los mares. Y digo salado, no es de cómo estás, a ver si tienes un mal día. Sino cómo estás salado porque eres muy apañado. Porque... ¿Por qué somos muy apañados? Tú que estás ahí y yo que estoy aquí y el Señor que nos echa nuestra salecilla. Porque además que queremos, Señor, para ti ser sal y luz. Pero en total, que vamos hoy con nuestro ratico de oración. Me he puesto Jesús mío, madre mía, en presencia tuya. Aquí con mi amigo, mi amiga orante. Y estamos en verano, depende, en otros sitios estarán trabajando, en fin. Y hoy quería... mantener durante este día, por lo menos, este lema de vivir de fe. Señor, que yo quiero solo mirarte a ti, no apartar la mirada de tus ojos, porque si no me hundo, me hundo.
Hoy el Evangelio de hoy es un ejemplo de ese deseo de vivir de fe, el de San Pedro caminando sobre las aguas. Primero, si te centras en San Pedro, vaya personaje. Qué consuelo da a ver como una persona normalita, con ese carácter que tenía, con esos defectos patentes que tenía San Pedro. Y dices, madre mía, bueno, perdóname, San Pedro, que posiblemente, como te hemos nombrado, estarás escuchándonos. Es que tus colegas evangelistas te pusieron bien. No dejaron de sacar tus cositas. En fin. Total, pero bueno, al final llegó a ser el primer papa y el elegido por ti Jesús para ser tú en la tierra, el vicecristo en la tierra. Y dice el evangelio eso que después de despedir a la gente subiste al monte a solas para orar y llegada la noche estabas allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento le era contrario. Perdona, me ha llamado también la atención Jesús que tú después de haber escuchado, porque había muerto Juan el Bautista hace poco tu primo, Tienes también tus desiertos, necesitas tu soledad.
Estar con tu Padre Dios a solas, rumiando esa soledad, ese dolor, ofreciéndoselo a Él. Es decir, que no te quitas los dolores de la vida normales porque tú eres hombre normal y corriente, perfecto hombre. Pero no te ahorraste, igual que en la cruz, no te ahorraste el dolor probando el vino y Él quitándote ese narcótico que adormecía el dolor. Gracias, Señor, porque todo lo sufriste igual que yo puedo sufrirlo. El evangelio de Mateo es llamado eclesiástico porque hay muchos símbolos también referidos a la iglesia. Este es uno de ellos, uno clásico, ya lo sabes, a la iglesia siempre zarandeada. ¿Qué importa mi Dios que esté zarandeada? ¿Qué importa quién la zarandé? ¿Qué mal está el mundo tal? Si tú, mi Dios, eres el que maneja esa barca. Perdóname, pero no puedo dejar de decirlo. ¿A quién maneja mi barca? ¿A quién? ¿A la deriva me lleva? ¿A quién? Esto es un poco casposo. Es que estamos en agosto. Yo voy a hacer aquí mis cosicas y le he dado rienda suelta. Me he soltado la melena. Ya no me acuerdo quién era. Tú te acordarás.















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