
04-09-2026 Odres premium - 10 Minutos con Jesús

Description of 04-09-2026 Odres premium - 10 Minutos con Jesús
** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.
Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
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Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí. Hace un tiempo, estando en el confesionario de una parroquia, la gente pues iba pasando a confesarse uno, otro, otro, otro. Una gozada, la verdad. Y de repente entró en el confesionario un chico que tenía unos 16, 17 años. Y entró, se puso de rodillas, como todos los anteriores, y saludó como todos los anteriores. Ave María Purísima, sin pecado concebida. Y me dice, padre, vengo a confesarme. Hasta ahí, normal, ¿verdad? Padre, vengo a confesarme, pero necesito que me ayude porque es la primera vez que lo hago. Y dije, bueno, no habré oído bien. Me habrá dicho que hace mucho que no se confiesa. Y yo le pregunté, pero vamos a ver, ¿es la primera vez o es que hace muchísimo que no te confiesas? Me dice, no, no, no, no, no, es la primera. Es que estaba con unos amigos ahí al principio de misa y me han dicho que me confiese, que es muy bueno. Que entre y que le salude así, con esa oración de Ave María Purísima. Pero ahora no sé cómo seguir.
Y de esto que se te enciende esa luz que viene del Espíritu Santo, ¿no? Y le pregunté, oye, ¿pero tú estás bautizado? Me dice, no, padre, la verdad es que no. Bueno, total, que nos pusimos a hablar un poco, ya le expliqué todo esto. Y también, pues, le pregunté, ¿y cómo te ha dado por ahí? Me dice, no, pues ya le he dicho, ¿no? O sea, mis amigos que me han dicho que confesarme es muy bueno. Ahí fue cuando pensé, bueno, gracias, señor, por esos amigos que le has dado. Y también vamos a explicarle a esos amigos que también le vayan contando, ¿no? Que primero va el bautismo y luego ya la confesión. Pero bueno, la verdad es que es una gozada tener amigos así. Total, que me contó un poco su historia. Era la primera vez que entraba en una iglesia católica. Para más enrique de todo esto. Que él no creía en nada. Que era ateo. Bueno, ateo más bien absolutamente indiferente. Pero el año pasado, el año anterior, sus padres le habían mandado a estudiar un curso a Estados Unidos. Ahí había vivido con una familia protestante. Y esa familia le iba llevando a su iglesia. Todos los domingos y tal. Cuando tenían ahí su servicio religioso. Y ahí este chaval descubrió a Dios. Y ahora quiere bautizarse. Está muy sólido en su decisión.
Después de esa no confesión, porque no se confesó lógicamente, pero después de esa conversación que tuvimos, se lo pude presentar al párroco y ahí se apunto a esas catequesis de confesión. Y cuento esto porque, en primer lugar, para que reces por él. Señor, te pido por él, por todas esas personas que te van descubriendo y que ven con gran entusiasmo, como este chico, la gozada que es la vida de la gracia, la maravilla que es, la alegría del cristianismo, la alegría de estar contigo, Señor. Reza por él y reza por tantos y tantos chavales y no tan chavales que quieren ir o volver a Dios. Pero también te lo cuento por lo que pasó a continuación. Hace poco pude saber de él. Y esa ilusión, ese entusiasmo con el que estaba al principio, pues tuvo su momento de prueba. Como todas estas cosas importantes en la vida, ¿verdad? A veces tenemos grandes determinaciones, pero te vienen esos momentos de prueba. Y tuvo su zozobra. Pero la catequesis, la compañía de tantas personas en la parroquia y los ánimos de sus amigos, ahí vuelven a aparecer, pues le hicieron pasar ese tiempo. Ahí está, el tío feliz y contento, recibiendo su catequesis de bautismo, un buen catecúmeno que hay por ahí. Y, si Dios quiere, en pocos meses recibirá este gran sacramento.
Y luego ya podrá recibir la confesión todas las veces que quiera. Esta historia me venía a raíz del Evangelio de hoy, donde tú, Señor, tienes una conversación un poco curiosa con unos discípulos de Juan y con gente que andaba por ahí. Fíjate, lo recoge San Lucas, ¿no? Y le preguntan, ¿por qué los discípulos de Juan ayunan con frecuencia y hacen oraciones? Y lo mismo los de los fariseos. Y en cambio los tuyos comen y beben. Fíjate, a diferencia de otros pasajes del Evangelio, aquí no hay una crítica. No hay como algo como ir a pillar. Es una pregunta que podríamos decir que es bastante legítima. Muestra un poco la extrañeza, ¿verdad? O sea, hacer ayunos y oraciones es algo bueno. Los discípulos de Juan Bautista los hacían. Pero en cambio, a esta gente le chocaba que los apóstoles, bueno, comen y beben, ¿no? También hacían sus penitencias los apóstoles que no tenían donde reclinar la cabeza, que iban de un lado para otro, pero bueno, algo les llamaría la atención. La respuesta tuya, señor, es así un poco curiosa. ¿Acaso podéis hacer ayunar a los amigos del esposo mientras el esposo está con ellos? Ya vendrán los días en que les será arrebatado el esposo. Entonces en aquellos días ayunarán. Pero creo que este evangelio, el significado de lo que tú nos quieres decir, señor,












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