
05-08-2026 El silencio de Dios (y III) - 10 Minutos con Jesús

Description of 05-08-2026 El silencio de Dios (y III) - 10 Minutos con Jesús
** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.
Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
Toda la info en nuestra web:
www.10minutosconjesus.org
diezminutosconjesus@gmail.com
Para recibir cada día tu meditación por Whatsapp pulsa aquí:
http://dozz.es/nu36t
This content is generated from the locution of the audio so it may contain errors.
Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. El silencio de Dios uno, el silencio de Dios dos, Así se titulan los últimos ratos de oración que he hecho en diez minutos con Jesús, tratando de explorar con tu ayuda, Señor, y a la luz de varios pasajes de la Escritura, algunas posibles razones por las que no contestas a nuestra oración. Y veíamos que la primera razón es la existencia en nosotros de un pecado que no queremos rechazar, un muro que hemos levantado nosotros mismos y que nos impide escuchar tu voz. Pero también veíamos que a veces, tu Señor, permaneces en silencio para darnos tiempo, porque no estamos dispuestos a escuchar algo que no coincida con lo que nosotros tenemos previsto.
Solo queremos escuchar de ti, Señor, lo que a nosotros nos parece más adecuado. Y una tercera razón por la que no escuchamos a Dios es la dificultad que tenemos para hacer silencio en medio de un mundo tan ruidoso. Y no se trata solo del silencio de fuera, sino de nuestro ruido interior. Tenemos la cabeza en mil cosas que tratamos de solucionar por nuestra cuenta. Y no somos capaces de descubrir la voz del Señor que no viene de forma grandilocuente y aparatosa. Y eso es lo que habíamos visto en capítulos anteriores. Y después de aquellos audios, me planteaba si no sería excesivo dedicar un tercer audio al mismo tema. Y en esas estaba hasta que he acudido al evangelio de hoy. Jesús se retiró a la región de Tiro y Sidón. Entonces, una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle, «Ten compasión de mí, señor hijo de David». Mi hija tiene un demonio muy malo. Él no le respondió nada. Él no le respondió nada. La mujer te grita, te suplica, y tú, Jesús, no respondes nada.
Y he pensado, Señor, que quieres darnos más luces para adentrarnos en ese misterio de tu silencio. La mujer cananea te sigue y te pide con insistencia, a gritos, te pide que cures a su hija, que la liberes de un demonio. Te pide algo muy bueno y además no te lo pide para ella, sino para su hija. Y tú no le respondes nada, como si fueras sordo, como si esa pobre mujer y su dolor no te importasen. Y sin embargo, aquí podemos descubrir una cuarta razón del silencio de Dios. Dios está probando y fortaleciendo tu fe. A tus discípulos Jesús se les acaba la paciencia. No les preocupa tanto la angustia de la pobre mujer, sino que les dejen en paz. Entonces los discípulos se acercaron a decirle, atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó, solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Pero la mujer, aprovecha que tus discípulos a lo mejor te han detenido un poco, y ella se acercó y se postró ante él diciendo, señor, ayúdame. Él le contestó, no está bien tomar el pan de los hijos. y echárselo a los perritos.
O sea, señor, ya no solo es que no le respondas nada, es que lo que le respondes es hasta desagradable. La comparas con los perritos. Pero ella, en lugar de reaccionar indignada, reacciona con humildad, probablemente animada porque tus palabras han sido duras. Pero tu mirada y tu tono de voz están llenos de misericordia. Pero ella repuso. Tienes razón, señor. Pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Y podemos imaginarnos cómo tu rostro, Jesús, se ilumina con una amplia sonrisa. Prueba superada. Jesús le respondió. Mujer, qué grande es tu fe. Que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija. Tú, Jesús, guardabas silencio deliberadamente, no porque la mujer hubiese hecho algo malo, no porque estuvieses enfadado con ella, no porque no la escuchases, sino porque estabas construyendo en su corazón.















Comments of 05-08-2026 El silencio de Dios (y III) - 10 Minutos con Jesús