
07-09-2026 Imparable - 10 Minutos con Jesús

Description of 07-09-2026 Imparable - 10 Minutos con Jesús
** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.
Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
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Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Nos cuenta el Evangelio que era sábado. Entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar. Nos podemos imaginar, Jesús, cómo vivirías el sábado, cada sábado. Día sagrado para los judíos dedicado al culto de tu Padre Dios. Día de acción de gracias y de reparación. Día de alabanza. Todo se detenía en el pueblo judío para que fuese el corazón el que se movilizase en actos de fe y de esperanza en su Dios. Si esto significaba el sábado para un judío piadoso, para ti Jesús, cualquier circunstancia la vivías en plena unión con tu Padre Dios. El sábado experimentarías el gozo de ver tantos corazones que se recogían en actitud orante.
Te veías acompañado en la manifestación de tu cariño al Padre por tantos otros judíos. Al mismo tiempo, echarías en falta la fe de otros corazones que, obedientes a la ley judía, guardaban el reposo externo prescrito, pero en su interior faltaba la luz y el calor del amor. El sábado ha dado paso al domingo, al Dies Domini, al Día del Señor. A tu día, Jesús. Ya no festejamos el sábado como un día de acción de gracias por la liberación de la esclavitud de Egipto, del pueblo de Dios, del pueblo de Israel. Ahora festejamos en el domingo la resurrección de Jesús, su victoria sobre la muerte y sobre el mal del pecado. Jesús, enséñanos a descubrir la belleza y la grandeza de este día. Nos recuerda el domingo, cada domingo, tu amor incondicional, tu vida ahora en el interior de cada uno de nosotros, mientras no te echemos de nuestro corazón por el pecado.
Nos recuerda cada domingo hasta dónde estás dispuesto a entregarte, a darte, hasta dónde estás dispuesto a sufrir por cada uno, por ti que me escuchas, por mí, que has derramado hasta la última gota de tu sangre. que has derramado por mí no sólo el sudor de tu frente, sino sudor convertido en sangre, en Getsemaní, en el Gólgota, por el dolor y la angustia, que la sed que mostrabas tener en la cruz no era de agua, sino de mí, y que esa sed la sigues teniendo ahora, de mí, de ti que me escuchas. ¿Con qué amor vivías cada sábado? Jesús, dedicado al culto y a la acción de gracias hacia tu Padre Dios, ¿con qué amor vives cada domingo? Y como eres Dios y tu amor es inmenso y mi corazón tan pequeño, ¿has querido que aquella muestra de amor tan asombrosa que fue tu despojo completo en la cruz y tu pecho abierto y el agua y la sangre que brotaron, que son fuente de todos los sacramentos, se produzca cada vez que un sacerdote celebra el santo sacrificio del altar, celebra la santa misa.
A través de tu iglesia, esta familia a la que nos llamas a formar parte, para que nunca nos veamos solos, que nos sepamos acompañados y fortalecidos con la oración de los demás cristianos, nos convocas cada domingo para que lo podamos presenciar en primera persona. En la misa del domingo pones Jesús ante nuestros ojos y nuestros oídos la realidad tan gozosa de tu amor, de tu amistad leal, incondicional, generosísima. Me llamas cada domingo para que vea y experimente tu presencia, tu perdón, tu inmensa paciencia, tu humildad, para mostrarme tu corazón a través de las Escrituras. Para enseñarme a levantar la mirada en el día a día y ser consciente de que mi verdad más profunda es que soy hijo de Dios. Hija de Dios. Más allá de mis virtudes y talentos, más allá de mis merecimientos. Que te das, acuda yo a tu llamada o no, en ese día, el domingo. Porque me distraigo.











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