
08-08-2026 El lenguaje del contacto físico - 10 Minutos con Jesús

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** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.
Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
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Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia por hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Hace unos días pude visitar la gruta de Lourdes y siempre me gusta ir allí, como a todos los santuarios marianos. Hay una presencia especial de la Virgen en esos lugares. Y si has ido a Lourdes, quizá eres de los que van tocando la cueva, pasando la mano por esa roca para tener un contacto más cercano, más físico con ese lugar donde se apareció la Virgen. O quizá eres menos dado a tocar y pasas simplemente mirando ese lugar. Cada uno es como es. A mí, personalmente, me gusta tocar y me gusta pasar mi rosario por todos los sitios santos. Cuando estuve en Tierra Santa, en noviembre pasado, compré muchos rosarios y quería que todos estuviesen en contacto con la Roca del Calvario o con el Santo Sepulcro donde Jesús resucitó.
Y fijándome en estas cosas, se me ha ocurrido hacer estos 10 minutos sobre un lenguaje del amor que es el contacto físico. Ya hemos hecho otros audios sobre otros lenguajes del amor, las palabras de afirmación, el servicio, el tiempo de calidad, el lenguaje de los regalos. Y de todos nos han salido tema para la oración, más o menos. Y quizás nos hayan ayudado también a comprender mejor a quienes nos rodean. Como decía, pues no todos tenemos la misma sensibilidad hacia uno u otro lenguaje. Y también hay épocas de la vida en las que podemos ser más sensibles, por ejemplo, a las manifestaciones físicas de cariño. Un abrazo, una palmada, una caricia, un beso, pueden ser una necesidad en algunos momentos. Hay personas, sin embargo, que no echan tanto de menos esas manifestaciones de afecto, valoran mucho otros detalles como el servicio, una palabra amable. Bueno, a nadie amarga un dulce, pero conocer a una persona tiene que ver también con entender cuál es el lenguaje por el que se siente más querido. Y tú, Jesús, te sirves muchas veces del tacto para mostrar cariño hacia las personas.
Quisiste lavar los pies de tus discípulos, tocando con ternura esa parte del cuerpo que a veces puede producir rechazo, sobre todo si los pies están sucios y polvorientos. Y también te dejaste tocar por la pecadora arrepentida que lavaba tus pies con sus lágrimas y sus cabellos. Echaste de menos cuando Simón, el fariseo, no te dio el beso de bienvenida, que era la costumbre de la época. Y seguro que besabas a tu madre cuando eras niño, al llegar a casa y al despedirte. Y tenías tantas delicadezas de amor con tu madre y tu madre contigo, también físicas. Con los niños es especialmente importante este lenguaje del amor. Hoy es comúnmente aceptado que los niños que son tenidos en los brazos de sus padres y que son abrazados y besados desarrollan una vida emocional más saludable que los que son dejados solos por largos periodos. Y durante el reciente viaje del Papa León a España muchas madres acercaban a sus hijos al Papa para que los abrazara y era una escena muy simpática. Y el Papa los cogía, los bendecía, los abrazaba. Eran unos momentos de una especial ternura.
A mí me recordaba lo que le ocurría también a Jesús cuando en los sitios donde iba, dice San Marcos, que le presentaban niños para que los tomara en sus brazos. Y dice también San Marcos, en el capítulo 10 de su Evangelio, que a los discípulos no les gustaba que acercasen niños a Jesús. En aquella época no se tenía hacia los niños la misma consideración que ahora. No les parecía bien que dejaran a los niños en brazos de Jesús. Pero Jesús, tú Jesús, te enfadaste con ellos y les dijiste que no se lo impidieran. Esas madres que acercaban sus hijos a Jesús intuían sabiamente que el abrazo de Jesús a sus hijos era muy bueno para ellos. Era de hecho el abrazo de Dios. Podemos imaginar con qué ternura y cariño abrazaba Jesús a esos pequeños, abrazando quizá con ellos a toda la humanidad. Y también tú y yo podemos hacernos como niños, como Jesús dijo a los discípulos en esa misma escena. Dejad que los niños vengan conmigo y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el reino de Dios. Y añadió, en verdad os digo, quien no reciba el reino de Dios como un niño...















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