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09-08-2026 Surf con fe pero sin tabla - 10 Minutos con Jesús

09-08-2026 Surf con fe pero sin tabla - 10 Minutos con Jesús

8/8/2026 · 13:44
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Description of 09-08-2026 Surf con fe pero sin tabla - 10 Minutos con Jesús

** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.

Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.

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Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves y que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Oyente, orante, ¿te gusta hacer surf? ¿O te gustaría practicarlo? ¿O disfrutas desde la orilla contemplando a un surfista habilidoso? Vale, pues te imaginas a un principiante que decide cabalgar sobre las olas, deslizarse sobre ellas, junto a un monitor experto, pero sin tabla. Jesús, este intento insólito es el que protagonizáis tú y tu apóstol Pedro, tu primer sucesor, el primer papa, en el evangelio de hoy. Tú llegas caminando sobre las aguas y él te pide que le prestes esa capacidad. Quizás os suene haberlo escuchado recientemente. Sí, este mismo pasaje apareció el martes.

Hoy lo contemplaremos con otra perspectiva. Vamos por partes. Resulta que, Jesús, en tu bondad sobreabundante, ese día habías multiplicado montones de panecillos y pescaítos para miles de personas. Y en tu elegancia divina y humana, indicas a los discípulos que vayan embarcando para iniciar el regreso, mientras tú despides a la gente. Tus apóstoles estarían impactados, desde luego. Los imaginamos emocionados por presenciar semejante milagro. felices de hacer feliz a tanta gente y exhaustos de andar repartiendo y luego recogiendo las sobras. Así que, al finalizar la jornada, les ordenas que se te adelanten, que suban a la barca y tú te encargas de las despedidas, que suelen prolongarse, ¿verdad? Y hemos destacado tu elegancia divina y humana, porque como verdadero hombre que eres, tú también estarías tan gozoso como de rengao. Y por si fuera poco, nos das ejemplo de cómo celebrarlo.

Cae la noche y tú te retiras a orar a solas monte arriba, para saborear con tu Padre Dios la alegría de la jornada, o la amargura por el injusto asesinato de tu primo Juan Bautista, acaecido poco antes. y allá permaneciste un buen rato. El evangelista Mateo apunta que bajaste a por ellos en la cuarta vigilia, es decir, entre las tres y las seis de la mañana. Le cedemos la palabra a Mateo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Supongo que comprendemos perfectamente a tus amigos, señor. Porque con la multiplicación de la comida habían presenciado en primera fila tu dominio sobre las fuerzas naturales. Pero esto de caminar de noche sobre el mar es de lo más original e inesperado.

Y tú decides no mantener mucho el suspense. Pues Mateo apunta que enseguida les dijiste, ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Y es aquí cuando Pedro se muestra espontáneamente tal y como es. Líder y portavoz. Valiente, casi temerario. Amigo tuyo hasta el máximo de la confianza. Va y te interpela. Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua. Jesús, ¿cómo te lo tomaste? Pues te pareció estupendo, porque de hecho aceptas su petición y ejecutas un nuevo milagro sobre la marcha. Seguimos con San Mateo. Tú le dices a Pedro, ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús. Pero al sentir la fuerza del viento le entró miedo. Empezó a hundirse y gritó, Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo, Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo, realmente eres hijo de Dios.

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