

Description of #143 La apoteosis final
Queridas amigas, nos vamos, hemos decidido cerrar esta etapa de nuestra vida. MARICONA ha muerto, y ha ascendido a los cielos. MARICONA ha ido hacia la luz eterna donde reposan los podcasts fallecidos. Os dejamos con la apoteosis final, la traca, la Festa. Nuestra coronación. Gracias a todas por haber estado ahí, semana tras semana, esperando nuestras mierdas. Volveremos.
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Ha llegado el momento de callar, como las serpientes que se arrastran, que sueltan veneno por la boca, como nosotras.
Hemos mudado de piel, una vez más, porque no hay otra forma de seguir que no sea quitándose la carne muerta.
Mátricona, la potencia, como las orugas, las orugas nos arrastramos durante años, por los manes, por los bores del deseo, por las cunetas de la natura.
Nos vamos porque estamos cambiando, porque algo dentro ha hecho clic, ha hecho crac, ha hecho luz, no una luz divina, no, no seamos cursis, una luz rara, fluorescente, como de hospital, como la que te dan cuando te recetan antipsicóticos, y por fin puedes dormir sin miedo, a que alguien te toque la puerta por la cara.
Nos metimos dentro de esta risalida llamada maricona, no para convertirnos en mariposas hermosas, sino en bolillas, bolillas viejas, torpes, que se queman las alas en cada bombilla de bajo consumo.
Siempre adelante, buscando una salida, una grieta, una desembocadura, un sitio donde reposar el cuerpo, donde dejarlo caer, un aluvión donde las almas cansadas se depositan, se mezclan con los otros restos del mundo.
Pero no estamos muertas, solo estamos calladas, como la virgen cuando asciende al cielo y lo único que oyes es el susurro de las alas, como la calma antes del vómito, como los grillos antes de la tormenta.
Final, ella siempre vuelve a la lámpara, porque una serpiente nunca deja de mudar, porque nosotras nunca aprendimos a estar quietas.
Gracias por arrastrarnos con nosotras, gracias por escuchar nuestro veneno, gracias por ser parte de nuestra muda.
Volveremos, porque una virgen siempre vuelve a la lámpara, porque una serpiente nunca deja de mudar, porque nosotras nunca aprendimos a estar quietas.
Gracias por arrastrarnos con nosotras, gracias por escuchar nuestro veneno.















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