
15-06-2026 Comprender para querer - 10 Minutos con Jesús

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** Ponte en presencia de Dios. Trata de hablar con Él.
** 10 minutos son 10 minutos aunque te puedas distraer. Llega hasta el final.
** Sé constante. El Espíritu Santo actúa “a fuego lento” y requiere constancia.
Audios de 10 minutos que te ayudan a rezar.
Un pasaje del Evangelio, una idea, una anécdota y un sacerdote que te habla y habla al Señor invitándote a compartir tu intimidad con Dios.
Busca tu momento, piensa que estás con Él y dale al play.
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Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi padre y señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Hace unos meses un marido joven me contó lo siguiente. Su mujer había llegado antes a casa, después de recoger a los niños. Y cuando llegó mi amigo, era ya la hora de cenar y ella estaba en la cocina. Y estaba nerviosa. Lo notó porque cuando se pone nerviosa, maneja a los cacharros con más estrépito, como golpeándolos. A mi madre le pasaba lo mismo. Y él había llegado tarde ese día y se le acercó y le dijo, cariño, ¿quieres que te ayude? Ella le respondió un poco rápido, no, no, no hace falta. Y él, como estaba bastante cansado, pues se puso a ver la tele. Y el ruido de los cacharros fue increciendo hasta que ella entró en el salón y explotó. ¿Estás cómodo viendo la tele mientras yo hago todas las cosas? Él le respondió extrañado, pero si te he preguntado.
Y ella contestó, pues no has insistido mucho. Bueno, después de esto, podría pensar el marido que a su mujer no hay quien la entienda y quejarse por dentro o quedarse tranquilo viendo la tele. Pero sería mucho mejor que aprovechase quizá la ocasión para pensar un poco más allá. ¿Cómo se siente mi mujer? ¿Por qué se siente de esta manera? ¿Por qué ha reaccionado así? ¿Le está pasando últimamente más veces? En fin, esta situación, como toda situación matrimonial, podría servir para conocer mejor al otro. Y conocer bien a una persona es conocer cómo se siente, qué le hace sentirse feliz, qué le pone triste, qué le da ánimo, qué le da miedo. Adentrarse en todo ese mundo afectivo que es tan importante en nuestra vida y en nuestras relaciones. Es lo que hacía nuestro Señor. Pues lo hacías constantemente. Si uno se mete en los evangelios, no encuentra diálogos fríos y racionales, ni se habla solo, pues ni principalmente sobre cuestiones prácticas. Los evangelios están llenos de afectos y es apasionante descubrirlos en nuestra oración.
Por ejemplo, tú Jesús te conmueves muchas veces ante el dolor humano, te contagias de las lágrimas de los amigos de Lázaro cuando éste ha muerto y de la tristeza de sus hermanas y tú mismo rompes a llorar. Te llenas de alegría ante la bondad de las almas sencillas y lo exteriorizas agradeciéndolo a tu padre del cielo en voz alta. Sientes un miedo terrible en la oración en el huerto y también decepción cuando tus amigos se quedan dormidos en ese momento en que tanto los necesitabas. Y se lo dices con pena. No escondes la ternura y el cariño que sientes por la pecadora arrepentida y también exteriorizas cómo te duele la frialdad de Simón el fariseo. Y haces notar la incomodidad que sientes ante los diálogos retorcidos de los fariseos, como cuando te presentan a una mujer pillada en adulterio para ponerte en un aprieto. Y se nota lo a gusto que estás en casa de Marta, de María, de Lázaro, te encanta ese ambiente de confianza, te gusta por ejemplo cuando Marta expresa con sencillez su enfado.
Cuando, como la madre del ejemplo que he puesto al principio, explota viendo cómo su hermana está tranquilamente sentada mientras ella se agobia improvisando una cena para trece comensales. Bueno, todos estos ejemplos y mil otros que podríamos poner nos lo han transmitido los apóstoles, tus más cercanos, Señor, y nos los han podido transmitir porque compartían sentimientos y afectos contigo. porque expresaban y compartían lo que les pasaba. Por eso te conocían de corazón. Llegaron a tener esa empatía contigo. Y entre ellos también se conocían porque estaban atentos a cómo se sentían unos y a otros. No era una convivencia fría. Esto es lo propio de las personas que se quieren. ¿Cuántos problemas se evitan a veces si procuramos entender mejor lo que sucede en el interior de las personas que queremos, que Dios ha puesto en nuestra vida? Como hacía Jesús. San José María decía que la caridad, el amor más que en dar, está en comprender. Y es una gran verdad. En el Evangelio de la misa de hoy, tú Jesús das por supuesto...















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