

Description of #150 El barco de Teseo
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¿Seguimos siendo la misma persona cuando nuestro cuerpo, nuestros hábitos, nuestra casa y nuestra vida cambian constantemente?
En este episodio de Casa Perfecta partimos de la antigua paradoja del barco de Teseo para hablar de envejecimiento, renovación, identidad y pequeños cambios.
Nuestro cuerpo se renueva, nuestras casas se transforman y nosotros también. Pero, entonces, ¿qué hace que sigamos sintiendo que somos los mismos?
Una reflexión sobre cómo habitamos nuestro cuerpo, nuestra casa y nuestra propia vida, y sobre el poder de esos pequeños cambios que, con el tiempo, pueden terminar transformándolo todo.
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Hola, bienvenidas, bienvenidos a vuestra casa perfecta. Hay una historia muy antigua que empieza con un barco. Los atenienses conservaron durante muchísimo tiempo la nave en la que, según la tradición, Teseo había regresado de Creta después de enfrentarse al minotauro. Era un barco importante para ellos, y como ocurre con cualquier barco que permanece durante años en el agua, algunas de sus piezas empezaron a deteriorarse. Así que cuando una madera dejaba de servir, la sustituían por otra, y cuando otra se estropeaba hacían lo mismo. Poco a poco, casi sin darse cuenta, fueron desapareciendo las piezas originales y apareciendo otras nuevas, hasta que llegó un momento en el que los filósofos empezaron a hacerse una pregunta. Si habían cambiado todas las piezas del barco, una detrás de otra, ¿seguía siendo el barco de Teseo? Plutarco cuenta esta historia siglos después cuando habla precisamente de esas discusiones sobre el crecimiento personal y sobre aquello que hace que algo siga siendo lo mismo aunque sus partes vayan cambiando.
Y como toda discusión filosófica, cuanto más lo piensas, más difícil resulta responder a la pregunta. Porque si cambias una pieza parece evidente que sigue siendo el mismo barco, si cambias 10 probablemente también. ¿Pero si llega un momento en el que ha sustituido todas las piezas? ¿En qué momento dejó de ser aquel barco para convertirse en otro? La historia habla de un barco, pero en realidad nos coloca adelante una pregunta que tiene mucho más que ver con nosotros de lo que parece. Porque nosotros también cambiamos. Y no solo en el sentido evidente de que dentro de 20 años tendremos otra cara, otro cuerpo o probablemente otra forma de movernos por el mundo. Nuestro organismo está cambiando continuamente. Hay células que viven apenas unos días y otras que permanecen durante años. Algunos tejidos se renuevan con mucha rapidez y otros lo hacen mucho más lentamente. Es decir, mientras nosotros seguimos haciendo nuestra vida con la sensación de que somos la misma persona, dentro de nuestro cuerpo hay una renovación constante que no se detiene.
Sin embargo, si encuentras una fotografía tuya de hace 20 años, probablemente no piensas que estás viendo a una persona completamente diferente. Entonces, ¿qué es lo que permanece? Esta pregunta tiene una historia larguísima detrás y seguramente no vamos a resolverla hoy. pero sí podemos utilizarla para mirar de una manera un poquito diferente, algo que hacemos todos los días y en lo que pocas veces pensamos, habitar nuestro propio cuerpo. Y esto que ocurre dentro de nuestro cuerpo, este lugar que habitamos, también ocurre en nuestras casas, el lugar donde vivimos. Quizá el cuerpo y la casa tengan algo en común que todavía no solemos mirar de esa manera. Ambos cambian mientras nosotros seguimos habitándolos. ¿Y quizá por eso esta historia tan antigua sobre un barco? puede ayudarnos a pensar en algo bastante actual. ¿Qué significa renovarnos? ¿Qué significa envejecer? ¿Y qué hace que después de tantos cambios sigamos reconociendo nuestra propia vida como nuestra? ¿Hasta qué punto cambia realmente nuestro cuerpo? Probablemente hayas escuchado alguna vez que cada 7 años somos literalmente una persona nueva.
La idea está muy extendida. Imaginas que pasan 7 años, las células viejas desaparecen, llegan otras nuevas y de alguna manera se reinicia el contador. El problema es que nuestro cuerpo no funciona así. No hay un cumpleaños en el que al apagar las velas todas nuestras células hayan sido sustituidas. No existe un momento concreto en el que podamos decir, hasta ayer eras el tú antiguo y desde hoy eres el tú nuevo. La realidad es bastante más interesante, bastante más compleja, porque cada parte de nuestro cuerpo tiene su propio ritmo. Algunas células viven muy poco tiempo. Las del revestimiento del intestino, por ejemplo, pueden renovarse en cuestión de días. Otras permanecen durante meses. Los glóbulos rojos circulan por nuestro cuerpo durante unos 4 meses antes de ser retirados y reemplazados, y hay células y rigidos cuya renovación es mucho más lenta. Incluso dentro de un mismo órgano puede haber diferentes ritmos. Nuestro cuerpo no se renueva como quien reforma una casa entera de una sola vez, vacía todas las habitaciones y vuelve a colocarlo todo desde cero.
















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