

Description of 2065. El gran Banquete
Meditación sobre el Evangelio del martes de la XXXI semana del Tiempo ordinario. El Señor cuenta la parábola de los invitados a las bodas. Dios invita al ser humano al Cielo, y él quiere ir a otros sitios, y se disculpa. Esta es la mayor tragedia posible. ¿Cómo será el Cielo, aquello para lo que estamos hechos, lo que hemos buscado incansablemente toda nuestra vida sin conseguirlo?
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Por la señal de la santa cruz de nuestros enemigos libramos Señor Dios nuestro en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí. Un sábado entró él en casa de uno de los principales fariseos para comer.
Estamos en ese banquete en el que están discurriendo los últimos evangelios de estos días y uno de los comensales dijo a Jesús, bienaventurado el que coma en el reino de Dios. Jesús le contestó con una parábola. Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente. Está hablando de ese comer en el reino de Dios, está hablando del cielo, de ese gran banquete con mayúscula que tendremos contigo Señor para siempre.
El banquete tantas veces en la insagrada escritura es la imagen pues de una enorme felicidad y una grata compañía. Es tantas veces la imagen de gozar de la presencia del Padre de Dios. El gran banquete ¿no? Jesús le contestó.
Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente. Dios llama a todos al cielo. A la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados venid que ya está preparado. Como me encanta pensar Señor que esto es una definición de la muerte. Venid que ya está preparado el gran banquete. Así nos dices cuando nos llegue nuestro momento.
Así nos dirás cuando llegue nuestro momento. Y es muy bonito pensar Señor que tú siempre que comparas el reino de los cielos algo empleas la metáfora del banquete. En algunas ocasiones el banquete de boda. Estamos llamados a ese banquete eterno y se nota la ilusión del anfitrión. Venid que ya está preparado.
Todo está preparado. Veréis que bien lo vais a pasar.
Y nosotros Señor no tenemos nada más importante que hacer que acudir a tu llamada. Estamos hechos para el cielo y sin embargo dice la parábola todos a una empezaron a excusarse.
El primero le dijo he comprado un campo y necesito ir a verlo dispénsame por favor. Otro dijo he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas dispénsame por favor. Otro dijo me acabo de casar y por ello no puedo ir. Las excusas. Las excusas tontísimas aunque llenas de buena educación dispénsame por favor. Pero en el fondo es rechazar esa ilusión y ese amor del anfitrión. Me acuerdo hace tiempo que estábamos hablando varios amigos de la mejor excusa que nos habían puesto nunca.
Y uno de nosotros comentó pues que como había invitado a una persona, éramos chicos jóvenes en aquella época y entonces le había contestado no es que mi abuela ha perdido la dentadura y no puedo ir. Bueno, ¿qué tiene que ver? Pues a veces nuestras disculpas son así. Nos disculpamos del gran banquete del cielo con tonterías de esta vida. Como aquella niña que también en otra ocasión le pregunté pero ¿por qué no vas a misa el domingo? Es que tengo que sacar a pasear al perro. Como si sacar al paseo al perro ocupara todo el día.
¿Qué pasaba en realidad? Estos que decían que he comprado un campo y tengo que ir allí, he comprado unas yuntas y tengo que probarlas o incluso me he casado. Bueno pues ya seguirás casado aunque vayas al banquete.
En realidad son disculpas señor porque no querían ir.
Todas esas cosas son buenísimas pero se convierten en excusas para algo que es mucho más importante porque cuando tú llamas hay que acudir corriendo.
Y todas esas cosas, el campo, las yuntas, esas riquezas o esas riquezas del corazón casarse son demasiadas cosas para hacer y gozar que nos pueden esclavizar y atraparnos en una red sutil pero que nos impiden responder a esa llamada de Dios que nos impedirían o nos pueden impedir ir al cielo. Normalmente son cosas que nos pueden ayudar a ir al cielo. Si somos personas de talento y somos personas humildes y somos personas piadosas todas esas cosas no nos alejan de ti señor, nos llevan a ti precisamente pero estos las pusieron como disculpa. El criado volvió a contárselo a su señor.















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