2066. ¡Hasta el final! (EDITADA)

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11/5/2025 · 19:52
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Meditación sobre el Evangelio del miércoles de la XXXI semana del Tiempo Ordinario y del domingo (C) de la XXIII semana del Tiempo Ordinario. Jesús se muestra muy exigente: Si alguno no pospone a su padre, madre, mujer, hijos… incluso a sí mismo… Si alguno no carga con su cruz… Si alguno no renuncia a todos sus bienes… no puede ser discípulo mío… Pero lo clave está en ese ""y viene en pos de mí"". Nosotros tomamos nuestra cruz y seguimos a Jesús,¡hasta el final!

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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos libramos Señor Dios nuestro en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí.

El evangelio de hoy nos dice que en aquel tiempo mucha gente acompañaba a Jesús. Él se volvió y les dijo. Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas e incluso a sí mismo, es decir, si no me prefiere a mí a todo eso, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de los que le midan, diciendo, este hombre empezó a construir y no pudo acabar. O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, ¿no se sienta primero a deliberar si con 10.000 hombres podrá salir al paso del que lo ataca con 20.000? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.

Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. Señor, qué exigente. Me asusta un poco oírte decir esto. Si alguno no pospone a su padre, madre, mujer, hijos, incluso a sí mismo, no puede ser mi discípulo. Si alguno no carga con su cruz, no puede ser discípulo mío. Si alguno no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío. Pues sí que estamos buenos, porque yo, señor, no soy capaz de renunciar a todo eso así, tan tajantemente. Y sin embargo, quiero ser discípulo tuyo.

¿Qué hacer? Pues lo que nos dice en el Evangelio, ir en pos de ti. Sí, cargar con la cruz, pero en pos de ti, con los ojos fijos en el capitán, es decir, en ti. Yo, señor, me pondré en tus manos, porque tú sí que puedes. Me dejaré hacer por ti, intentaré, pues al menos, señor, no patalear, no rebelarme, no ponerte muchos obstáculos, hasta que tú hagas en mí lo que esperas de mí. Porque desde luego nosotros no podemos hacerlo.

Es demasiado elevado este ideal, demasiado exigente, ¿no? Pues si alguno viene a mí, no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, incluso a sí mismo, el que no carga con su cruz, el que no renuncie a todos sus bienes. Demasiado elevado, señor. Pero fíjate que ahora entendemos mejor por qué el Señor empieza así, o sea, el Evangelio empieza así.

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús. Él se volvió, y les dijo. Él se volvió, me permite, señor, imaginarme la escena y lo que sentías cuando toda aquella gente te acompañaba y te seguía entusiasmada. Es como si te pararas de repente, te volvieses a ellos como pensando. Pero esta gente se estará enterando de que ser cristiano es exigente, que no es solamente comer más panes y más peces gratis.

Toda esta gente se dará cuenta que nuestro camino, tarde temprano, tropieza con la cruz. Y por eso esas palabras después, ¿no? ¿Quién de vosotros que quiere construir una torre no se sienta primero a calcular los gastos? Es como si nos dijera. ¿Quién de vosotros, si quiere dar esta batalla, no? Es el otro ejemplo que pone. ¿No se piensa primero si va a ser capaz de darlo? ¿Quién de vosotros, si quiere ser cristiano, no se da cuenta primero de lo exigente que es? Nos animas a esto, señor.

Las cosas claras. Para ser cristiano, discípulo tuyo, hay que darse hasta el final. Ponerte a ti, poner a Dios, lo primero, por delante de todo y de todos.

Padre, madre, mujer, hijos, hermanos y hermanas, casas, riquezas, fama, gloria, honor, lo que sea. Pero sobre todo hay que ponerte a ti, señor, por delante de mí mismo, que significa

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