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2289. La piedra de toque del cristiano

2289. La piedra de toque del cristiano

6/16/2026 · 23:15
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Meditación sobre el Evangelio del martes de la XI semana del Tiempo Ordinario. Jesús nos anima a amar a los enemigos y rezar por los que nos persiguen. Eso es ser buen hijo de Dios, ser perfectos como nuestro Padre Celestial. Porque amar a los que nos aman es fácil, pero no suficiente. Aprender a perdonar a todos.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mi Inmaculada, San José mi Padre y Señor, Ángel de mi guarda, intercede por mí. Hemos pedido ayuda al Señor, a la Virgen, a los ángeles, a San José para hacer bien este rato de oración, para hacerlo con fruto. La oración solamente sale bien cuando nosotros ponemos de nuestra parte ese deseo de entrar en contacto con Dios vivo, con el Espíritu Santo dentro de nosotros, con nuestro Padre Dios en el cielo, con el Señor en la Eucaristía, etc. Tenemos que no limitarnos a escuchar, sino interiormente. Ir dialogando, ir hablando en nuestra cabeza y en nuestro corazón con el Señor todas estas cosas. Y escuchando también lo que nos tiene que decir el Señor.

En el Evangelio de hoy, que es parte del Sermón de la Montaña, Se recoge uno de aquellos habéis oído, pero yo os digo, habéis oído, pero yo os digo que el Señor con gran autoridad fue diciendo en ese sermón. Ayer, si recordáis, el Señor nos decía que habéis oído, que se dijo ojo por ojo y diente por diente, pero yo os digo, al que te abofetea, ofrécele la otra mejilla, al que te pide, dale, al que te pide la túnica, dale el mando, etc. Bueno, pues hoy es uno de estos, como digo, que dice así. Habéis oído que se dijo, amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo, amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre Celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto.

Claro, en el ambiente judío de nuestro Señor, el prójimo, pues era el judío. No el gentil y no el publicano. No, no, no. El prójimo es los de mi tribu, ¿no? Los míos. Esos son el prójimo al que hay que cuidar y al que hay que amar. A los demás, nada, ¿no? Muchas veces le llamaban así, ¿no? Perros le llamaban incluso. ¿Y nuestro Señor? pega un salto, eleva esto, dice si amáis a los que os aman ¿qué mérito tendréis? ¿no hacen lo mismo también los publicanos? y si saludáis solo a vuestros hermanos ¿qué hacéis de extraordinario? ¿no hacen lo mismo también los gentiles? es decir Todo el mundo quiere a su familia, o casi todo el mundo. Es verdad que hay gente que está un poco degenerada, pero Aristóteles, que era hace ya 2.400 años, 2.500 de él, pues Aristóteles decía que quien no quiere a su padre y a su madre no merece razones sino palos, está animalizado. Bueno, todos, cualquier ser humano, a su familia, a los suyos, pues los queremos. Y nos vemos correspondidos en ese amor tantas veces.

Cuando había en España todavía el terrorismo de ETA, recuerdo haber oído muchas veces que las personas que habían vivido cerca de esos que luego se revelaron como terroristas, pues decían que eran buenos vecinos, que incluso eran buenos padres, los que eran padres, buenos hermanos, buenos hijos, pero desde luego no eran buenos cristianos, eran asesinos. Josef Goebbels, el ministro de propaganda del III Reich de Hitler, pues era un buen padre de seis hijos, hasta por lo menos en algunos momentos, ¿no? Porque luego se suicidió y los mató antes a los seis, ¿no? No era tan buen padre. Pero Hitler quería a Eva Braun, evidentemente. En fin, y así podríamos seguir, ¿no? Hace muchos años leí una biografía muy curiosa que era de un asesino a sueldo, y ahí se contaba precisamente esto, que quería a su familia, a sus hijos, los cuidaba, y era un padre ejemplar en muchos aspectos. Incluso un marido ejemplar también. Nadie de su familia sabía que él se dedicaba a eso. Bueno, pues entendemos, Señor, que...

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