2310. El demonio mudo

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7/7/2026 · 24:04
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Description of 2310. El demonio mudo

Meditación sobre el Evangelio del martes de la XIV semana del Tiempo Ordinario. Traen a Jesús un endemoniado mudo. Después de que el Señor expulse al diablo, el mudo comienza a hablar. Necesidad de abrir el alma con sinceridad para ser felices. Especialmente en la confesión.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, interceded por mí. Seguimos con tus milagros, Señor, y hoy en el Evangelio de la Misa aparece uno muy breve, un verso, un versículo. En aquel tiempo le llevaron a Jesús un endemoniado mudo, y después de echar al demonio, el mudo habló. Lo primero, Señor, es que a este hombre, que es víctima de un demonio mudo, lo tienen que llevar, le tienen que llevar a ti. Él solo no puede. Y tú, solo después de echar el demonio, echó el demonio, solo después de que el demonio saliera de él, gracias a tu poder, el mudo habló, pudo hablar. Es el demonio mudo.

El demonio... siempre intenta hacernos callar. No callar como tú, Señor, en la pasión, que callabas ante las ofensas y ante las injurias. No, sino callar esas cosas que nos remuerde la conciencia y que van como envenenándonos por dentro. Y por eso, el demonio que es tan viejo y sabe tanto, lo primero que intenta, o de las primeras cosas que intenta para perder a las almas es poner un cepo en su boca. hacerles incapaces de contar lo que les pasa, incapaces de comunicarse con las personas queridas, con las personas que le quieren o las personas que les pueden ayudar, porque nosotros somos seres relacionales, estamos hechos para compartir nuestra intimidad, no con todo el mundo, evidentemente, con personas que nos quieran y que sean dignas de esta intimidad nuestra, pero es como una condición para ser feliz en la vida. Y el demonio, que lo sabe, nos pone un cepo en la boca. Por eso el Salmo 32 dice ¿Cuántas veces, Señor, he visto esto? En mí mismo y en los demás.

Mientras callé, consumíanse mis huesos. Mientras no... El demonio mudo, ¿no? Un endemoniado mudo que no podía nada. Hay una película muy buena. Una película impresionante. Se llama Hermanos, de Suzanne Beard. Es una, para mí, pues probablemente la mejor directora, en este caso no, de cine actualmente. Pero bueno, en cualquier caso, esta película, Hermanos, pues narra la descomposición de un hombre, de su familia, de tal por un secreto. oculto, del cual en el fondo no era demasiado, bueno, totalmente culpable, porque es una situación muy extrema, en la guerra, ¿no? Y cómo eso envenena su vida, y cómo eso, cuando sale la luz, se rehace. Bueno, pues, mientras que allí, consumíanse mis huesos. Me acuerdo una vez una niña pequeña. Las niñas y los niños pequeños son muy graciosos en las confesiones porque se aprende mucho de ellos de su sencillez. Esta niña decía que mentía a sus padres para ocultar los fallos.

Yo le animaba a decirles la verdad y decía a la niña, ya, yo quisiera no mentir, pero el miedo me puede, ¿sabes? Pues vamos a pedirle al Señor que nos ayude a vencer ese miedo que a veces nos impide abrir nuestra alma. en el sitio adecuado, con la persona adecuada. Porque cuando con la sinceridad abrimos todas las puertas del alma para que entre el aire, es como un nuevo comienzo, como una nueva libertad. Ya no llevo ese fardo, se abre la posibilidad del perdón, también de la expiación de la culpa. Aunque tenga que realmente expiar la culpa, alguien se pueda enfadar conmigo, etc. Pero ese es el cauce, porque si no, eso que tenemos dentro, que puede ser una cosa muy gorda o una cosa muy pequeña. Nos va envenenando, nos va como consumiendo por dentro. Mientras callé, consumíanse mis huesos. No sé si has leído esa novela que refleja muy bien esto que estamos hablando, porque Dostoyevsky era un gran pensador, no solamente un gran escritor, y un gran teólogo también. Bueno, pues en aquella novela...

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