2311. Los defectos de los Apóstoles (NUEVA)

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7/8/2026 · 30:21
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Meditación en el miércoles de la XIV semana del Tiempo Ordinario. En el Evangelio de hoy se nos narra la elección de los Doce Apóstoles y su envío a curar y sanar a todas las gentes. A pesar de sus defectos, patentes, estos hombres fueron consuelo de Dios para el mundo, para muchas gentes. Nosotros igual: a pesar de nuestros defectos, somos apóstoles llamados a llevar noticia del Amor de Dios a todos los hombres.

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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada. San José, mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercede por mí. Queremos tomar conciencia de que tú estás aquí y por eso nosotros hemos dicho esa oración introductoria que siempre procuramos hacer en nuestros ratos de oración. Señor mío, Dios mío, creo firmemente que estás aquí. Señor, que yo no me confunda, que no me traiga a la meditación otra cosa más que estar contigo, tener un rato de diálogo contigo. Ahora me he cambiado de centro y en el centro que estoy, que es un centro que hay muchísimo movimiento, me lo estoy pasando fenomenal, hay universitarios, jóvenes profesionales, bullicio continuo, barbacoas, tal.

Y entonces el otro día yo voy saludando a gente, hombre, hola, hola, tal. Y entonces saludé a uno, hombre, ¿qué tal? Un chico joven, estaba con otro, y él me saluda, me mira, sonríe y dice, tú no me reconoces, ¿no? Y digo, pues la verdad es que me suena mucho tu cara, hijo. Pues yo soy tu sobrino Juan. Es verdad. Juan Velar Tuñón. Es verdad, Juan tal. No sé qué. Y va, pues tal. Y bueno, pues que, señor, que te reconozca, ¿no? Que en medio del bullicio sepa centrar mi corazón donde tiene que estar centrado, que es en ti, presente en el Sagrario. Y todas estas ideas me venían a la mente al veros al fondo. Dices, hombre. No por mí, se me da igual, ¿no? Por el Señor, ¿no? Imaginaros que vais a una presentación de un libro y os ponéis al final. El que presenta el libro dice, no tiene mucho interés, ¿no? Es la vida.

Bueno, pues después de la llamada de los primeros discípulos, Junto al mar de Galilea, que nos cuenta San Mateo, y después de la predicación en Galilea y de que tú, Señor, pronunciaras las bienaventuranzas en el sermón de la montaña, el mandamiento de la caridad, después de que dejaras admirados a todos tus compatriotas diciendo, pero ¿cómo predica esto? ¿De dónde salen estas palabras a este y esta autoridad? Después de que hicieras... Un montón de milagros, ¿no? Milagros de curaciones, los ciegos, los dos ciegos, el leproso, el paralítico de la camilla que descolgaron los cuatro amigos. Milagros de echar a los demonios de la gente y meterlos en los cerdos que se despeñaban allí. Después de calmar una tempestad, es decir, después de la hemorroisa y resucitar a la hija de Jairo, ni más ni menos. Después de todos esos milagros... Se dice en el Evangelio de San Mateo que Jesús recorría todas las ciudades y al ver a las multitudes se llenaba de compasión por ellas, porque estaban maltratadas y abatidas como oveja que no tiene pastor.

Y justo entonces, en ese preciso momento, como intentando poner remedio, Señor, a esa situación tan dolorosa para tu corazón, En ese momento haces lo que se recoge en el evangelio de la misa de hoy. Que si has estado en misa habrás escuchado. El evangelio de hoy empieza así. Este es el remedio. Este es el remedio para las ovejas maltratadas y abatidas que no tienen pastor. llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia. Estos son los nombres de los doce apóstoles. El primero, Simón, llamado Pedro, y Andrés, su hermano. Santiago, el de Cebedeo, y Juan, su hermano. Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano, Santiago el de Alfeo y Tadeo, Simón el de Caná y Judas Iscariote el que lo entregó. Bueno, pues cada uno de nosotros, cada uno de los cristianos somos exactamente lo mismo que estos apóstoles. Es decir, somos...

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