2313. Prudentes como serpientes

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7/10/2026 · 16:39
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Meditación en el viernes de la semana XIV del Tiempo Ordinario. El Evangelio recoge algunas de las instrucciones de Jesús a los Doce, como esta: «Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas». Hay que ser prudentes: estar en la realidad, y saber tomar decisiones.

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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José mi Padre y Señor, ángel de mi guarda, intercedes por mí. Entramos en el Evangelio. En el Evangelio, tú Jesús estás continuando con esas instrucciones que diste a tus apóstoles al enviarlos a predicar el Evangelio. Hizo a todas las gentes, tal, etc. Hemos visto otros días el mandato apostólico, la misión apostólica, y después el Señor le va dando unas instrucciones. Y dice así. Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos. Por eso, sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Pero cuidado con la gente, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando se entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis. En aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. El Señor promete. La asistencia del Espíritu Santo en esas situaciones comprometidas. ¿Cuántas veces, Señor, lo notamos? Que salen de nuestra boca palabras que el Espíritu Santo pone y que hacen bien a otras personas. Y que nos quedamos nosotros mismos muy sorprendidos. Pero no es esto lo que me quería fijar. Me quería fijar en esta frase tan citada tantas veces de nuestro Señor Jesucristo. Sed prudentes como serpientes y sencillos como palomas. Sed prudentes como serpientes. ¿Qué es la prudencia, podemos pensar? Pues mira, la prudencia a la que nos anima el Señor es una virtud muy importante. Es la primera de las virtudes humanas. Es la virtud que conecta el obrar de una persona lo que hace con la realidad misma.

O sea, prudente es el hombre a quien las cosas le parecen como realmente son. Y nos lleva a esta virtud de la prudencia, pues a elegir los medios adecuados para conseguir un fin bueno. No cualquier fin, sino un fin bueno. Porque el que piensa los medios para robar un banco no es prudente, sino astuto, pero es distinto. El prudente es el que piensa los medios para hacer algo bueno. Y para poner en obra eso que piensa que debe hacer. Es decir, la prudencia lleva también a actuar. Y no tiene nada que ver con ser personas como muy indecisas, que no hacen nada, que están como pasivas. Eso no es la prudencia. Por eso, San José María nos animaba a hacernos esta pregunta. Hemos de preguntarnos siempre, ¿prudencia para qué? Qué importante, porque si la prudencia no es para algo bueno, no es prudencia, sino astucia, repito. ¿Y cuál? ¿Prudencia para qué? Pues la respuesta es, Señor, para amarte a ti y a los demás por ti.

Porque, a fin de cuentas, como escribió también San Agustín, la prudencia es el amor que sabe discernir lo útil para ir a Dios de lo que puede alejar de él. Qué bonito, ¿verdad? La prudencia es el amor que sabe discernir lo útil para ir a Dios de lo que puede alejar de él. O sea, lo que nos decía el profeta Oseas, ¿no? ¿Quién será sabio para comprender estas cosas, inteligente para reconocerlas? Y Efraín, ¿qué tengo yo que ver con los ídolos? Yo soy quien te corresponde y te vigila. Señor. Haznos estar en la realidad, darnos cuenta de qué es lo verdaderamente importante, de qué es lo que debemos perseguir en esta vida. No nos vaya a ocurrir que estemos como corriendo mucho, pero fuera del camino. Aquello que decía también San Agustín, bene curris, se dextravían, corres bien, pero fuera del camino, en la dirección equivocada. ¿De qué nos serviría? Y por eso el Catecismo de la Iglesia nos dice, es la virtud, la prudencia que dispone a la razón práctica, a discernir, la razón práctica es la razón, la inteligencia que nos lleva a actuar, ¿no? A discernir.

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