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2314.bis. Esperanza

2314.bis. Esperanza

7/11/2026 · 25:42
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Meditación en el sábado de la XIV semana del Tiempo Ordinario. El Evangelio de hoy recoge algunas enseñanzas de Jesús, animándonos a confiar en Dios Padre, que cuida de nosotros, es decir, a tener esperanza. Aprovechamos para meditar un poco sobre esta virtud teologal.

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meditación espiritualidad oracion teología cristianismo
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Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Señor mío y Dios mío, creo firmemente que estás aquí, que me ves, que me oyes. Te adoro con profunda reverencia. Te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración. Madre mía inmaculada, San José, mi Padre y Señor. Ángel de mi guarda, intercede por mí. Como siempre, dedicamos un rato de oración, un rato de nuestro tiempo a abrirnos a nuestro Señor Jesucristo, a dejar que su gracia, que su luz penetre en nuestro corazón. Y tiene mucha importancia estos ratos diarios de oración porque nos permiten algo que por nuestras solas fuerzas no podríamos hacer. Recuerdo hace ya años, lo he contado muchas veces, como un sacerdote de un colegio que daba clase ordinariamente a niños más mayores. Pero un día le pidieron si le podía dar a los niños y niñas de parvulitos, que eran de dos o tres años, si les podía hablarles algo de Jesús y tal.

Bueno, ya que fue. Estaban los niños sentados en el suelo, en una especie de colchonetas, y le miraban con mucha atención. Este es un sacerdote alto, alto. Y entonces les decía... Pues os voy a hablar de la oración, que es hablar con Jesús. Y entonces, cuando vamos a rezar, es como si tuviéramos una conversación con Dios, con Jesús. Y entonces, uno de los niños, con cara de asombro, se le acercó, le tiró de la sotana y le dijo, oye, entonces, ¿tú vuelas? ¿Tú puedes volar? Porque, claro, era una pregunta muy lógica, porque si tú hablas con Dios, y para los ojos del niño Dios está en los cielos, pues es que tú vuelas. Y cuando le contaba esto, este sacerdote, a Monseñor Javier Ochevarría, anterior prelado del Opus Dei, don Javier le decía, hijos míos, ¿qué lógica tan buena tienen los niños? Porque para una persona que reza, que ora, Hasta volar es posible, ¿no? Hasta volar es posible.

Y me venía esto a la memoria, señor, a la cabeza, al pensar en aquella frase de Joseph Ratzinger, ¿no? La oración es esperanza en acto. Una esperanza cuyo movimiento se asemeja al movimiento de las alas de un pájaro que le remonta por encima de todo hacia Dios. O como dice el profeta Isaías, los que confían en Yahvé renuevan sus fuerzas y echan alas como de águilas y vuelan velozmente sin cansarse y corren sin fatigarse. Señor, eso... Eso hacemos en nuestra oración. Eso queremos hacer en nuestra oración. Eso, con tu gracia, si tú nos lo concedes, podemos hacerlo en nuestra oración. El Evangelio de hoy nos dice En aquel tiempo dijo Jesús a sus apóstoles Un discípulo no es más que su maestro, ni un esclavo más que su amo. Ya le basta al discípulo con ser como su maestro y al esclavo como su amo.

Si al dueño de casa lo han llamado Belzebú, ¿cuánto más a los criados? Primero tenemos esta advertencia del Señor, ¿no? De que, bueno, pues es fácil que la gente ataque nuestra fe. Vamos a ver, no es que ataquen nuestra fe, pero es fácil que nos sintamos atacados ante la incomprensión de otros de nuestra fe. Pobrecillos, pero es lógico, si no se tiene fe, pues no se comprende, ¿no? No es fácil. Nos dice nuestro Señor, no les tengáis miedo. Porque nada hay encubierto, nuestra fe, que no llegue a descubrirse, ni nada hay escondido, nuestra fe, que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, en la intimidad, decidlo la luz a todas las gentes. Y lo que os digo al oído, fregonadlo desde la azotea. Pienso, señor, ¿qué estamos haciendo si no...? pregonar desde la azotea con estas meditaciones y puestas, ¿verdad? Pues ahí en tantos canales y tantos miles de personas escuchan. No tengáis miedo a los que

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